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Las medidas que reclama la ONU para salvar el agua en la Tierra

Un informe de la ONU identifica las principales medidas que deben adoptarse de manera urgente para proteger el agua dulce en el planeta. Los recursos hídricos mundiales sufren una degradación galopante por muchos factores, pero que se multiplican debido al cambio climático. El impacto sobre las personas es cada vez más evidente.

“Los desastres relacionados con el agua son cada vez más frecuentes y serios. Los ecosistemas de agua dulce se están deteriorando rápidamente. Ante los devastadores efectos de la crisis mundial del agua sobre la vida, la salud y los derechos humanos de las personas, es preciso adoptar medidas correctoras de forma rápida y sistemática”. Son palabras de David Boyd, relator especial de la ONU sobre derechos humanos y medio ambiente.

La crisis mundial del agua es uno de los problemas más acuciantes a los que se enfrenta la humanidad, de ahí que Boyd reclame una respuesta global “sólida y rápida”. Una respuesta que debe afrontar una realidad: el cambio climático se ha convertido en un “multiplicador de riesgos” que agrava la contaminación, la escasez y los desastres relacionados con el agua.

Boyd presentó hace unos días un informe al Consejo de Derechos Humanos, en el que señala que el uso humano del agua, la contaminación y la degradación de los ecosistemas acuáticos siguen acelerándose debido “al crecimiento de la población, el crecimiento económico, la emergencia climática, el cambio de uso de la tierra, las tareas las industrias extractivas, el uso ineficiente del agua y una planificación, regulación y aplicación deficientes”.

El ‘informe Boyd’, titulado ‘Los derechos humanos y la crisis mundial del agua: contaminación del agua, escasez de agua y desastres relacionados con el agua’, revela que tres de cuada cuatro desastres naturales registrados en los últimos veinte años estuvieron relacionados con el agua, “incluidas inundaciones, deslizamientos de tierra y otros eventos climáticos extremos”.

Añade que resulta inexcusable tomar “medidas correctivas de manera rápida y sistemática”. Y que la prioridad debe ser “mejorar las condiciones de las personas más vulnerables”. Resalta que la mitad de la población mundial vive sin un saneamiento gestionado de manera segura y aboga por impulsar “acciones urgentes” para ayudar a los más de tres mil millones de personas que carecen de acceso a agua potable o padecen escasez periódica de agua.

Y es que la crisis mundial del agua tiene graves efectos en los derechos humanos, incluidos “los derechos a la vida, la salud, el agua, el saneamiento, la alimentación, un medio ambiente saludable, un nivel adecuado de la vida, el desarrollo, la cultura y los derechos del niño”, indica Boyd.

El relator especial señala varias etapas clave que los Estados deberían adoptar para abordar la crisis: “Evaluar el estado del agua, realizar mapeos legales, desarrollar planes relacionados con el agua que incorporen enfoques basados en derechos, hacer cumplir las leyes, normativas y estándares relacionados con el agua; evaluar los avances, fortalecer las acciones para asegurar el cumplimiento de los derechos humanos y propiciar la participación pública”.

El objetivo ha de ser que haya “agua segura y suficiente” para todos, y lograr ecosistemas acuáticos saludables. Hay que “proteger y conservar el agua para conseguir un futuro saludable y sostenible”, destaca Boyd, quien instó al Consejo de Derechos Humanos a emitir una resolución que reconozca que todas las personas, en todas partes, tienen derecho a vivir en un medio ambiente seguro, limpio, saludable y sostenible.

“El derecho a un medio ambiente saludable exige a los Estados que eviten la contaminación y el agotamiento de los recursos hídricos, que prevengan o mitiguen los desastres relacionados con el agua y que protejan o restauren los ecosistemas acuáticos”.

El relator especial incluye en su informe un largo listado de medidas que los Estados y las empresas deberían adoptar de manera inmediata. Estas son algunas de ellas:

1.Negociar un nuevo tratado global para el tratamiento de los residuos plásticos que evite su proliferación en los recursos hídricos.

2.Redoblar los esfuerzos para pasar a una economía circular que genere un modelo productivo sin contaminación.

3.Acelerar el proceso de abandono de los combustibles fósiles.

4.Promulgar reglamentos y normas más estrictos sobre los vertidos de aguas residuales.

5.Imponer tasas a las empresas que contaminen el agua y dedicar esos ingresos a proteger y restaurar la salud de los ecosistemas de agua dulce.

6.Aumentar la inversión en infraestructuras para el tratamiento de aguas residuales.

7.Recurrir a soluciones basadas en la naturaleza, como la restauración y la construcción de humedales, la exigencia legal de franjas de protección ribereñas y la creación de zonas protegidas.

8.Prohibir actividades nocivas tales como la hidrofracturación, la extracción de arenas bituminosas y la minería del carbón, que contaminan el agua y agravan la crisis climática.

9.Aplicar una gestión de las cuencas hidrográficas basada en los ecosistemas para proteger las fuentes de agua, tanto superficial como subterránea.

10.Fomentar la salud de los bosques.

11.Reducir el impacto de la agricultura en las masas de agua.

Asimismo, aboga porque los Estados ricos incrementen su contribución para hacer frente al coste que implica garantizar la disponibilidad de agua potable en cantidad suficiente y ecosistemas acuáticos saludables en los países de bajos ingresos. Y señala que para no agravar los problemas de deuda, la ayuda financiera relacionada con el agua a los países de bajos ingresos debería consistir “en subvenciones, no en préstamos”.

Foto: Pixabay

También identifica las “buenas prácticas” que han ayudado a reducir o prevenir la contaminación del agua, a aliviar la escasez de agua, a reducir los riesgos asociados a los desastres relacionados con el agua y a proteger o restaurar los ecosistemas acuáticos.

Ejemplo de estas buenas prácticas que se han llevado a cabo en países concretos son:

1.La inclusión de la protección del agua como principio en las constituciones de Brasil, Croacia, Ecuador, Egipto, Eslovenia y Uruguay.

2.Legislaciones sólidas, como la Ley Nacional del Agua, de Sudáfrica.

3.Políticas de empoderamiento de la mujer, como la Política de Abastecimiento de Agua a las Zonas Rurales, en Nepal.

4.Enfoques innovadores para la preservación del agua y el reciclado de las aguas residuales, como ocurre en Singapur.

5.Avances en materia legislativa en virtud de los cuales se reconocen los derechos de ríos, lagos y cuencas hidrográficas en países como Bangladesh, Bolivia, Colombia, Ecuador, India y Nueva Zelanda.

El relator especial de la ONU hace suyas las conclusiones del Grupo de Alto Nivel sobre el Agua en 2018 y finaliza el informe con una de ellas: “Seas quien seas, hagas lo que hagas, vivas donde vivas, te instamos a que te involucres y contribuyas a superar este gran reto: agua potable, saneamiento para todos y gestión sostenible de nuestra agua. Haz que cada gota cuente. Es hora de ponernos manos a la obra”.

El informe de David Boyd (en castellano): https://undocs.org/es/A/HRC/46/28

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Ramón Díaz

Ramón Díaz Alonso (Llanes, Asturias; 1962). Trabaja desde 1990 en La Nueva España, primero como corresponsal en la comarca oriental de Asturias, después como responsable de la edición del oriente de Asturias y desde 2017 en la sección de Asturias, especializado en información política, de infraestructuras y ambiental. Colabora desde enero de 2021 con Verde y Azul, el canal de medio ambiente de Prensa Ibérica y Grupo Zeta. Es coautor de varias publicaciones de la Asociación Asturiana de Periodistas y Escritores de Turismo (ASPET).

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