Verde y Azul

¿Por qué los humedales son un arma contra el cambio climático?

Los humedales, considerados tradicionalmente como zonas baldías e insalubres, son terrenos muy valiosos para el medio ambiente por los múltiples servicios que ofrecen, incluido la captura y almacenaje de CO2 atmosférico. Son “un as en la manga” frente al cambio climático, según los impulsores del proyecto LIFE Wetlands4Climate (W4C), que pretende realzar el “gran valor ecológico” de estos ecosistemas, especialmente como sumideros de carbono y reductores de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera. El proyecto, que se desarrollará en once humedales españoles, está dotado con 2 millones de euros, a invertir hasta 2024.

Además de la gran diversidad de especies que acogen, los humedales destacan por su labor de purificación del agua que alimenta a otros ecosistemas y rellena los acuíferos subterráneos, “esenciales en el entorno mediterráneo” teniendo en cuenta la escasez y las sequías que afronta “de forma crónica” la península Ibérica.

Ecosistemas fundamentales para la vida, los humedales están desapareciendo a un ritmo tres veces superior al de las masas forestales. Y su degradación puede llevarles a dejar de almacenar grandes cantidades de carbono para empezar a emitirlo, “con las consecuencias que esto conlleva para el calentamiento global”.

Marjal dels Moros. Foto: fundacionglobalnature.org

Los investigadores están convencidos de que los humedales constituyen una solución natural al objetivo de la Unión Europea de reducir las emisiones mundiales de carbono en un 55% antes de 2030 y ser climáticamente neutra en 2050. Tienen una enorme capacidad para fijar el carbono que de otra manera estaría en la atmósfera. Pueden ser un “milagro medioambiental contra el cambio climático”, según los científicos.

Sumideros de carbono

El proyecto LIFE Wetlands4Climate, coordinado por la Fundación Global Nature, analiza cuánto carbono es capaz de retener un humedal en función de su estado de conservación. También pretende identificar qué medidas de gestión son las más apropiadas para cada humedal de modo que todos alcancen su máxima capacidad de almacenamiento.

LIFE Wetlands4Climate validará una metodología para cuantificar los intercambios de GEI y servirá al objetivo de políticas climáticas de uso de la tierra, cambio de uso de la tierra y silvicultura (LULUCF por sus siglas en inglés).

El objetivo es generar datos sobre el secuestro de carbono en humedales que, entre otros fines, contribuirán a alimentar los análisis del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), así como a elaborar pautas de gestión que incrementen su papel como sumideros.

Prat de Cabanes-Torreblanca. Foto: fundacionglobalnature.org

A mediados del pasado mes de febrero comenzaron los trabajos de muestreo y medición en campo de las parcelas piloto ubicadas en humedales de Castilla y León, Comunidad Valenciana y Castilla La Mancha, en los que se están poniendo en marcha diferentes medidas demostrativas de gestión de la vegetación, el suelo y el agua.

Los impulsores del programa quieren comprobar cómo se comportan los balances de carbono en cada humedal respecto a cada una de las medidas de gestión aplicadas; por ejemplo, las siegas, el pastoreo controlado o el manejo de los niveles de agua.

Proyectos de restauración

Un equipo de la Universidad de Valencia (UV) coordinado por el catedrático de Microbiología y Ecología Antonio Camacho, experto en ecología funcional de humedales y cambio climático, desarrollará los protocolos de manejo y gestión y realizará las mediciones y experimentos en campo y laboratorio para obtener un análisis inicial de calidad de estos ecosistemas que sirva de base con el que comparar los resultados obtenidos tras la implementación de las medidas demostrativas después de los cuatro años de proyecto.

“El conocimiento generado en este proyecto va a permitir una acción inmediata, consistente en aplicar aquellas medidas de manejo y gestión que, manteniendo la salud ecológica de los humedales, aumenten su capacidad de retención de carbono y contribuyan en mayor medida a la mitigación del cambio climático”, explica Camacho.

Con los datos recogidos se activará la aprobación de una metodología que pueda optar a fondos en el mercado voluntario del carbono, basada en la conservación de humedales. Será a través de proyectos de restauración financiados por fondos para la conservación, con la idea de “acelerar las sinergias entre la sociedad y el mundo económico” e impulsar el tránsito hacia una economía descarbonizada.

Laguna grande de Villafranca. Foto: fundacionglobalnature.org

“Estas actividades de certificación y verificación de emisiones incentivan la creación de empleo y la puesta en marcha de nuevos modelos de negocio”, señalan los impulsores del proyecto.

“Conseguirlo será un gran logro ya que sin este tipo de mecanismos no se realizarían las inversiones previstas en gestión y conservación de humedales necesarias para que trabajen como nuestros aliados en el secuestro de carbono y la lucha contra el cambio climático”, añaden.

Por todo  ello, los impulsores de esta iniciativa la consideran “una oportunidad única para generar fondos para la conservación de la Naturaleza”.

Apoyo de redes internacionales

La Fundación Global Nature se encarga de coordinar este proyecto. También participan entidades como la agencia EFE, la Fundación Valencia Clima y Energía y el Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva de la Universitat de Valencia.

El proyecto cuenta con el apoyo de distintos departamentos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, el Ayuntamiento de Valencia, la Generalitat Valenciana, la Junta de Castilla-La Mancha y la Junta de Castilla y León, así como de las redes internacionales Living Lakes y Wetlands International.

Las áreas de actuación incluidas en el proyecto Wetlands4Climate son:

Laguna de la Nava (Palencia). Incluye hábitats de interés comunitario, como bónales, pastizales, depósitos calcáreos de carófitos, praderas de gramíneas o praderas helofíticas. Es zona de nidificación de paseriformes como el aguilucho lagunero o la garza imperial.

Laguna de Boada (Palencia). Presenta carrizos y eneas, que sirven como zonas de nidificación para paseriformes palustres, el aguilucho lagunero y otras aves acuáticas. Existen también comunidades de helófitos medianos rizomatosos, como la castañuela.

Laguna de Tirez (Toledo). Especies catalogadas, como limonio y albardín se encuentran bien representadas. La vegetación de los márgenes es halófita, con abundancia de salicornia y sarcocornia.

Laguna grande de Villafranca (Toledo). La comunidad vegetal dominante es una comunidad de carrizo con aeneas, castañuela, praderas de juncales y graneas halófilas. Destaca la presencia de aves acuáticas e insectos, entre los que figura ña especie endémica Cephalota dulcinea.

Laguna chica de Villafranca (Toledo). Los hábitats presentes en la laguna son idóneos para la reproducción de especies de paseriformes palestras. Por ejemplo, el carricero común, el carricero tordal o el escribano palustre. Acoge una poblaciones nidificantes de aguilucho lagunero y pato cuchara común.

Laguna de Manjavacas (Cuenca). Carrizos y plantas carnosas de carácter halófilo son las especies más representadas. En verano aumenta la concentración de plantas como Chara canescens o Ruppia drepannesis. En su entorno se observa limonio y albardín.

Laguna de Alcahozo (Ciudad Real). En sus márgenes abundan los limonios. También están presentes especies de interés comunitario, como albardín o sarcocornia. Destaca el endemismo Limonium squarrosum, en peligro crítico de extinción. Entre las aves, el chorlitejo patinegro, la cigüeñuela, el correlimos o la gaviota sombría.

Marjal dels Moros (Valencia). Hay carrizos y eneas, pero también especies de interés comunitario como Limonium dufourii o Limonium angustebracteatum. En zonas con cierto nivel de agua se dan comunidades de macrófitos sumergidos como Zannquinelia palustris, Ruppia maritima.

Majal de Pego Oliva (Alicante y Valencia). Entre las especies de interés comunitario presentes destacan Nymphaea alba, Narcisus perezlarae, Parentucellia viscosa o Utricularia australis. En las zonas marginales se también ven carrizos y eneas.

Prat de Cabanes-Torreblanca (Castellón). Es área de conservación de especies como el fartet, el samaruc, el aguilucho lagunero o el escribano palustre. Cuenta con numerosos hábitats de interés comunitario. Y con especies de flora incluidas en la Directiva Hábitats, como Aristolochia clematis, Juniperus oxycedrus macrocarpa o Otanthus maritimus.

Mallada Mata del Fang (Valencia). Aparecen plantas como juncos, salicornias, criaderas, Inula crithmoides o Plantago crassifolia. También se ven plantas en peligro de extinción, como Limonium dufourii. 

Página de referencia. https://fundacionglobalnature.org/wetlands4climate/

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Foto principal: Efe

Ramón Díaz

Ramón Díaz Alonso (Llanes, Asturias; 1962). Trabaja desde 1990 en La Nueva España, primero como corresponsal en la comarca oriental de Asturias, después como responsable de la edición del oriente de Asturias y desde 2017 en la sección de Asturias, especializado en información política, de infraestructuras y ambiental. Colabora desde enero de 2021 con Verde y Azul, el canal de medio ambiente de Prensa Ibérica y Grupo Zeta. Es coautor de varias publicaciones de la Asociación Asturiana de Periodistas y Escritores de Turismo (ASPET).

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