Verde y Azul

Barcelona se llena de mariposas

Los confinamientos que se llevaron a cabo el año pasado durante los primeros meses de la pandemia hicieron que la naturaleza conquistara las calles y recuperara, como en Barcelona, parte del terreno perdido

La huella del hombre se deja sentir en (casi) todo el mundo. Las ciudades, la industrialización, la contaminación… todo lo que hacemos desde el estallido de la revolución industrial tiene una consecuencia directa en la biodiversidad.

La flora y la fauna habían quedado relegados a un segundo lugar por culpa de la acción del hombre.

Pero ¿qué pasaría si los hombres y mujeres de todo el mundo “desaparecen” durante unos meses? Abandonan las calles, no invaden lo que no es suyo… y las especies recuperan lo que les quitamos. Aunque de forma tímida.

Los confinamientos decretados en todo el mundo durante los meses de marzo, abril y mayo hicieron desaparecer de la ecuación a la mano del hombre y las consecuencias fueron inesperadas.

Se vieron pumas saltando de pared en pared por Santiago de Chile, delfines conquistando el puerto de Cagliari y patos campando a sus anchas por las calles de París.

El director de investigación del Museo Nacional de Historia Natural de París, Romain Julliard, en conversación con la agencia de noticias AFP en el mes de abril confirmaba cómo “la presencia de animales salvajes se debe a que, sin la presencia de seres humanos ni la habitual circulación de las zonas urbanas, tienen vía libre para pasear por las ciudades”.

Se adueñaron de ellas: “Los animales no distinguen entre naturaleza y medio urbano, a la mínima que se abre una ventana, van a aprovechar para explorar”, Alejandro Martínez Abraín, profesor de Ecología en la Universidad de La Coruña.

Barcelona y las mariposas

En este sentido, con la “desaparición” de la mano del hombre durante el confinamiento, las mariposas conquistaron Barcelona.

El Observatorio Ciudadanos de Mariposas Urbanas (uBMS) en coordinación con el CREAF, demostró como durante los meses de mayo y junio aumentaron en un 28% el número de especies por parque.

La cifra se eleva hasta el 74% si comparamos el período de 2020 con el mismo del año 2019.

Fueron avistadas especies hasta ahora nunca vistas en los parques de la Ciudad Condal, como el tímulo rocoso o el emperador púrpura menor. En total, entre marzo y octubre de 2020 se observaron 4.978 mariposas de 39 especies diferentes.

El confinamiento por culpa del coronavirus unido al aumento considerable de la pluviosidad ha favorecido al aumento notable del número de mariposas.

Son un clarísimo indicador de la mejora de la calidad del aire que experimentó el mundo entero con los confinamientos. El aumento o disminución de su población es señalado por los expertos como un bioindicador de calidad ambiental ya que son prueba directa de las condiciones del medio que las acoge.

Aprovechando esa situación de espacio salvaje en Barcelona, las autoridades han puesto en marcha un plan para la creación de más de 780.000 metros cuadrados de espacio verde abierto y más de 49.000 metros cuadrados de calles verdes.

La intención es rodear toda la ciudad, integrar estos espacios en el día a día de los barceloneses, hasta el punto de “sumergir en verde” a la Sagrada Familia.

A este plan verde y al trabajo para mantener con vida todas las nuevas especies de mariposas que colonizaron la ciudad, se suma el atlas de la biodiversidad publicado donde se registran todas las especies de flora y fauna que hay en Barcelona.

Además, se apuesta por mejorar la vida de aves e insectos gracias a la instalación de multitud de “hoteles” para aves e insectos.

Se realiza un seguimiento periódico de las zonas verdes para comprobar cómo avanza esta población de nuevas especies.

Barcelona se llena de mariposas

Flores en las paredes

Esta circunstancia de repoblación natural de las mariposas en Barcelona les hace a muchos replantearse la forma en que nos relacionamos con la naturaleza. Desde que se produjo allá por la década de los 70 el éxodo rural, la fauna y la flora fueron poco a poco desapareciendo de las ciudades.

No se trata solo de que condenamos a las especies a huir a los montes si no que nadie entiende como normal la aparición de una flor en la fachada de un edificio. Se toma como signo de suciedad o abandono.

Los expertos apuestan por la necesidad de reintegrar la naturaleza en nuestro día a día. De volver a respirar pureza sin tener que huir el fin de semana.

Esta concepción de la vida en las ciudades va más allá de rodear un parque con asfalto.

El presidente de la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos, Francisco Bergua, señala la importancia de apostar por un modelo de resalvajización de las ciudades: «Naturalizar la ciudad no es lo mismo que convertirla en un espacio salvaje, pero en lugar de parques y jardines necesitamos pensar en términos de infraestructura verde. Hacer lo mismo de una manera diferente».

Si podemos sacarle algún aspecto positivo a la pandemia de coronavirus que asola el mundo desde hace casi un año, hagámoslo. Aprendamos de cómo el mundo se ha comportado sin nosotros para entender que debemos darle un giro a la forma en que nos relacionamos con la naturaleza.

Entendamos las ciudades, como señalan los expertos, en el contexto del compromiso de nuestra sociedad con la conservación de la biodiversidad.

Devolvámosle a la naturaleza su lugar en el planeta.

Sergio F. Núñez

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