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mascarilla microplásticos

Una sola mascarilla libera 1,5 millones de microplásticos al mar

Las mascarillas han salvado millones de vidas en todo el mundo durante la crisis del coronavirus, pero el aumento exacerbado de su utilización en todo el mundo está teniendo efectos colaterales. Con un consumo mensual de 129.000 millones de unidades, la eliminación de estos desechos se ha convertido en una verdadera quimera. Y es que una sola mascarilla libera más de 1,5 millones de microplásticos a su entorno, lo que supone un nuevo foco de degradación del medio marino.

Así lo pone de manifiesto un reciente estudio publicado en la revista Journal of Hazardous Materials, que ha examinado cómo reaccionan estos materiales a su llegada al entorno costero.

Como explican sus autores, la exposición a los rayos ultravioleta y la abrasión de la arena modifican la composición química de estos elementos y degradan muy rápidamente las tres capas de las que están compuestas las mascarillas.

Los investigadores advierten así que las costas “no son los principales receptores de mascarillas desechables”, pero sí son los lugares donde se produce una mayor y más rápida descomposición en partículas de plástico.

Foto: Efe

Los investigadores simularon las condiciones ambientales costeras en un conjunto de mascarillas y examinaron sus resultados. Las máscaras se colocaron en una placa de Petri descubierta y se expusieron a unas luces ultravioleta entre una y 48 horas. Otras muestras de control se envolvieron en papel de aluminio y se expusieron en las mismas condiciones. Luego hicieron lo mismo separándolas por capas.

Descomposición en 36 horas

Tras 18 horas de exposición a la intemperie, la capa exterior e interior de las máscaras mostraban un daño notable en sus fibras más superficiales. El daño que había sufrido la capa intermedia era mucho mayor. La superficie de las fibras se habían vuelto abrasivas y se habían roto.

Después de exponerse 36 horas a los rayos ultravioleta, las fibras de las tres capas se habían fracturado, creando fragmentos minúsculos de fibra y las partículas comenzaron a adherirse a las fibras. Sus superficies mostraban signos evidentes de desgaste, incluidas grietas, escamas, surcos y hoyos. El daño fue más severo en la capa intermedia, donde todas las fibras se habían roto en pequeños fragmentos.

Todas estas micropartículas rotas, a su vez, se van liberando progresivamente en el agua, a partir de las 18 horas, es decir, desde el momento en que se fracturan las fibras de la capa intermedia de la mascarilla. Después de 36 horas, los investigadores vieron que millones de pequeñas fibras rotas entraban con facilidad en el agua, pudiéndose incluso contemplar a simple vista.

Foto: Pixabay

Soluciones inmediatas

Los resultados obtenidos han puesto a los científicos en alerta y consideran que es el momento de tomar acciones correctivas y urgentes. «Necesitamos aumentar nuestra conciencia ambiental y reducir el número de mascarillas que se tiran directamente al medio natural”, reclama el investigador principal, Zheng Wang, de la Universidad de Concordia (Canadá).

Sin embargo, para Wang, la responsabilidad no solo está en la ciudadanía, sino también en “nuestros gobiernos e industrias” que deben mejorar en dos aspectos: la gestión de desechos y la fabricación de mascarillas para que tengan un menor impacto ambiental.

De manera inmediata, según el segundo firmante Chunjiang An, profesor asistente en el mismo departamento, el simple hecho de crear contenedores de mascarillas en lugares con gran afluencia de personas como los campus universitarios ayudaría a recolectar esas mascarillas usadas y evitaría que las personas que las arrojaran y pudieran acabar en un entorno natural.

Estudio de referencia: https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0304389421010001?via%3Dihub

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Verónica Pavés

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