Verde y Azul

El quebrantahuesos alza el vuelo en España

SALVADA ‘IN EXTREMIS’ DE SU DESAPARICIÓN EN ESPAÑA, ESTA EMBLEMÁTICA AVE VA RECUPERANDO SUS POBLACIONES TRAS AÑOS DE ESFUERZO

Un ave de casi tres metros de envergadura surca el cielo majestuosa. Ver a un quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) en pleno vuelo impresiona. Y cada vez es más habitual en España. Porque este emblemático animal, aunque sigue estando amenazado de extinción, lleva dos décadas ganando población. Y terreno, pues si hasta hace unos pocos años los Pirineos eran su último reducto en la Península Ibérica, ahora ya se deja ver, y hasta cría, en los Picos de Europa y Andalucía, donde se ha reintroducido. Incluso en la montaña palentina, donde se le había perdido la pista hace más de medio siglo, se le ha vuelto a ver en las últimas semanas. De tal manera que los expertos, aunque prudentes, son optimistas con respecto al futuro de esta mítica ave, que estuvo en trance de desaparecer hace apenas tres decenios.

La Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos (FCQ), creada en 1995, tiene mucho que ver con la recuperación de la especie. Las actuaciones de esta organización no gubernamental (ONG), declarada de utilidad pública, han sido vitales para lograr el aumento de su población en los Pirineos y para su reintroducción en los Picos de Europa, donde se había extinguido a mediados del siglo pasado. De tal manera que, aunque el peligro no ha pasado, pues la especie está aún en situación crítica en el contexto europeo, en España su situación va mejorando “poco a poco”, pero sin pausa, señala el presidente de la FCQ, Gerardo Báguena.

La Península Ibérica acoge la mayor población de todo el continente. Números cantan: en la Unión Europea se contabilizan en la actualidad 252 parejas reproductoras de quebrantahuesos, de las cuales 191 habitan en los Pirineos (España y Francia), 49 en los Alpes (Austria, Suiza, Italia y Francia), 6 en Creta (Grecia), 3 en Córcega (Francia), 4 en Andalucía y una en el parque nacional de los Picos de Europa, que integran Cantabria, Asturias y Castilla y León.

La especie se salvó en España in extremis, porque, como explica Báguena, los científicos ya habían señalado en los años noventa que estaba a un paso de alcanzar el ‘punto de no retorno’. Fue precisamente aquel grito de alarma el que despertó conciencias y animó a la Administración a apostar por su recuperación, a legislar en su favor y, sobre todo, a dedicarle medios económicos.

Los Pirineos siguen constituyendo la principal reserva europea de quebrantahuesos. Allí empezó todo, hace 22 años, y allí la población de esta ave necrófaga se ha disparado desde entonces: el recuento realizado en 1985 concluyó que había en los Pirineos 32 parejas reproductoras, lo que significa que la población se ha multiplicado por seis desde entonces, hasta alcanzar las 191 actuales.

Los factores que han contribuido a la recuperación del quebrantahuesos en los Pirineos son, principalmente, «la colaboración de la Administración y de la sociedad civil, los cazadores, los ganaderos…». Porque hasta los años ochenta del siglo pasado todo lo que rodeaba al quebrantahuesos era «conflictivo», ya que se acusaba a la especie, injustamente, de atacar al ganado, cuando en realidad «ni caza ni da muerte a ningún animal; solo se alimenta de carroña», indica el naturalista.

Se revierte la tendencia

Los Gobiernos de Aragón, Navarra y Cataluña han secundado los esfuerzos de la FCQ a favor de la especie. «La situación en los Pirineos está salvada si no hay imprevistos o procesos estocásticos». Hay datos concretos que invitan a la esperanza. Por ejemplo, que mientras que en los años ochenta del siglo pasado el 95% de los pollos morían antes de llegar a adultos, en la actualidad la situación se ha revertido y el 96% de los pollos llegan a la edad adulta.

Dos ejemplares de quebrantahuesos en el área de Cataluña. henk van dijk
Dos ejemplares de quebrantahuesos en el área de Cataluña. HENK VAN DIJK

Pese a que en los libros el quebrantahuesos aparece como extinto en los Picos de Europa, ya no es así. Ya es una especie reproductora. Lo han conseguido Deva y Casanova, una pareja estable desde 2013, que consiguieron sacar adelante a Esperanza el pasado 12 de marzo, tras varios intentos fallidos de reproducción anteriores. La madre, nacida en los Pirineos y soltada en los Picos de Europa en 2010, y el padre, ejemplar aragonés que se voló hasta la Cordillera Cantábrica hace ocho años, construyeron el nido en una pequeña cavidad de una pared rocosa e incubaron al pollo durante casi dos meses.

El hito que marcó Esperanza

El nacimiento de Esperanza es un hito en el proyecto de reintroducción de la especie en los Picos de Europa, un proyecto que dirige la FCQ y en el que colaboran el Ministerio para la Transición Ecológica y los gobiernos de Aragón, Asturias, Cantabria y Castilla y León.

Fue el de Esperanza un nacimiento que los integrantes de la Fundación celebraron «brindando con cava». Y que disipó muchas incertidumbres, tras comprobar que los dos animales fueron capaces de sacar adelante al polluelo «sin ninguna ayuda externa». Un hecho que coloca a la Cordillera Cantábrica «a la altura de los mejores parques nacionales europeos», destaca el naturalista.

Pero aún hay más: otras dos parejas incipientes en los Picos de Europa, que con casi total seguridad procrearán «en los próximos dos años», aventura Báguena. En la actualidad, hay ya 26 quebrantahuesos asentados en los Picos de Europa, más otros cuatro ejemplares ‘flotantes’, procedentes de los Pirineos, que podrían quedarse, según los técnicos de la FCQ. La especie ya empieza incluso a sobrevolar la montaña palentina y los montes de Riaño, en León, y Báguena ve «muy probable» que alguna de las parejas estables de los Picos de Europa se traslade en breve a León o Palencia, donde existen áreas que ofrecen «valores muy interesantes para la supervivencia de esta ave».

El otro núcleo poblacional español del quebrantahuesos está en Andalucía, donde se trabaja con un sistema diferente al aplicado en los Picos de Europa: se liberan en el campo animales criados en cautividad. También funciona. La fórmula andaluza está impulsada por el Gobierno autonómico, a través de la fundación pública Gypaetus, creada en 2000. El último de los quebrantahuesos autóctonos andaluces había desaparecido de la sierra de Cazorla a finales de 1986.

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El proceso se desarrolla en el centro de cría Guadalentín, en el parque natural de las sierras de Cazorla, Segura y Las Viñas, referencia europea en materia de cría de esta especie en cautividad.

Desde 2006 se han soltado en la sierra de Cazorla unas 70 aves, de las que una decena murió, sobre todo por veneno.

Los GPS que se colocan a estos animales han permitido saber que algunos de ellos recorren toda la Península, pues han llegado a volar hasta los Pirineos y Portugal. La primera pareja estable de quebrantahuesos en Andalucía fue la formada por Tono, ejemplar que había nacido en Austria, y la cazorleña Blimunda, que protagonizaron la primera puesta en febrero de 2015 y que vieron nacer su primera cría dos meses más tarde. Fue una hembra que, al igual que la de los Picos de Europa, recibió por lo que representaba el nombre de Esperanza. Desde entonces Tono y Blimunda han traído al mundo otras cuatro crías más.

Pero no es esa la única pareja que ha logrado sacar adelante crías en Andalucía. También lo han hecho Hortelano y Marchena,así como Encina y Sansón. Además, en Granada, en la sierra de Castril, Vera y Guadalquivir, aves nacidas en cautividad y liberadas en 2013 en Cazorla, incuban la puesta, según informó hace unos días la Junta de Andalucía. Hay otras cuatro posibles parejas más que aún no han llegado a la edad adulta.

Por su parte, la Generalitat Valenciana empezó el programa ‘Benvingut de nou, Crebalòs’ para la reintroducción de la especie en el Parc Natural de la Tinença de Benifassà (Castelló) en 2018. En junio de 2020 se soltaron dos nuevas crías en la Tinença procedentes del centro de cría de Guadalentín. La secretaria autonómica de Emergencia Climática y Transición Ecólógica, Paula Tuzón, destacaba el día de la suelta la importancia del proyecto, que no solo persigue la reintroducción «sino que también pone en valor la riqueza natural que posee un territorio tan maravilloso». En la Comunitat Valenciana son seis los polluelos introducidos desde 2018, que se suman a los tres adultos dentro de las dos líneas paralelas de trabajo de la conselleria: por un lado, la reintroducción en el medio natural de ejemplares con pocos meses y, por otro, adultos de la población natural de los Pirineos.

En todas ellas, las ya consolidadas, las incipientes y las crías nacidas en cautividad, ponen los expertos sus esperanzas sobre el futuro de la especie en España.

 

 


Traslado del ejemplar Aquilano al parque de los Picos de Europa. RAMÓN DÍAZ
Traslado del ejemplar Aquilano al parque de los Picos de Europa. RAMÓN DÍAZ

La instalación de comederos seguros, clave para el éxito

El envenenamiento y las colisiones con tendidos eléctricos siguen siendo los grandes enemigos de la especie.

Para la recuperación de la especie ha sido «fundamental» la instalación de comederos en las zonas donde habita el ave, porque han permitido que accedan a «comida limpia, sin riesgos, frente a lo que encuentran en el campo», apunta Báguena, de la FQC. Y es que el principal factor de mortalidad sigue siendo «el uso ilegal de venenos». Igual que hace un siglo. De hecho, varios ejemplares han muerto envenenados en los Picos de Europa, razón por la cual ha habido algún encarcelamiento en Asturias. El porcentaje de mortalidad, no obstante, está por debajo de la media de la especie y también del esperado por la FCQ.

La lucha contra el veneno es una de las prioridades de la Fundación. Báguena ha apuntado ideas como la pérdida total de las subvenciones para aquellos agricultores o ganaderos a los que se les encuentre en posesión de veneno.

Los tendidos eléctricos son otro peligro. Hace tres meses, un ejemplar liberado en 2018 en los Picos de Europa fue rescatado malherido en la comarca de Liébana (Cantabria), con signos de electrocución en una pata, que finalmente tuvo que ser amputada para evitar que la necrosis se extendiera al resto del cuerpo.

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