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alumbrado público

“El Gobierno obligará a tener encendido el alumbrado público toda la noche”

Alejandro Sánchez de Miguel es astrofísico de la Universidad de Exeter (Reino Unido) y ha sido asesor del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA). Investiga desde hace tiempo el crecimiento exponencial que está teniendo la contaminación lumínica en España y alerta de los peligros que ocasiona este fenómeno, también sobre la salud humana. Sánchez de Miguel critica el nuevo decreto ley que tramita el Gobierno sobre eficiencia energética, pues, entre otras cosas, prohibirá que se apague el alumbrado público en ningún momento de la noche, incluso si no hay actividad nocturna de ningún tipo.

-¿En qué situación se encuentra el problema de la contaminación lumínica en España y cómo ha evolucionado?

-España era, y probablemente sigue siendo, uno de los países de UE con mayor contaminación lumínica por habitante y farola. Eso se debe a que en España el alumbrado público ha estado subvencionado durante muchos años con una tarifa especial por debajo del precio de mercado, con lo que a los ayuntamientos le ha sido muy barato iluminar. Eso desapareció en 2007 y desde entonces se ha intentado mejorar. El problema es que, en vez de mejorar, a veces se ha hecho lo contrario, porque poniendo lámparas de temperatura más fría es más difícil controlar la contaminación lumínica. Las lámparas de 4.000º K emiten cuatro veces más contaminación lumínica que una lámpara de sodio. No es que sea imposible reducir la contaminación lumínica con lámparas blancas, pero es bastante complicado. Eso ha hecho que en general este problema haya aumentado.

-Desde la generalización de los LED ¿en cuánto ha aumentado la contaminación lumínica?

-Desde el año 1992 al 2010 la contaminación lumínica creció un 57% y desde 2010 hasta ahora, podría haber pasado lo siguiente: si hubiéramos seguido usando lámparas de tono anaranjado como hasta entonces, el problema se habría reducido o nos habríamos quedado en un aumento de solo un 15% respecto a 1992. Pero como esto no es lo que ha pasado, no sabemos exactamente cuánto hemos crecido, pero podríamos haber crecido hasta un 300%. Lo que se está instalando en España no es lo más sostenible. Hay honrosas excepciones, como Madrid capital o La Palma, La Coruña… pero en general la cosa ha ido a peor.

Alejandro Sánchez de Miguel

-Por tanto, el enemigo es la luz blanca…

-Sí, antes el enemigo era emitir luz hacia arriba. Actualmente, con los LED es raro que suceda, aunque hay gente que lo hace. Sobreiluminar es un problema y el decreto de 2008 lo que hizo es duplicar la luz en calles que tenían un nivel de iluminación normal. Pero si, además, pones luz blanca, estás empeorando la situación. Hemos mejorado al no mandar la luz hacia arriba, pero hemos empeorado en otros aspectos. Y este es un problema que depende de cinco factores y si no se hacen todos bien, es un problema que aumenta.

-¿Cuáles son esos cinco factores?

-El primero es no poner luz allí donde no hace falta. El otro es no poner más luz de la que hace falta. El tercero es no instalar colores (temperatura de color) que no haga falta. El cuarto es poner la intensidad justa y la otra es apagar la iluminación cuando ésta no hace falta. Una farola nueva cuesta 4.000 euros y se tarda en amortizar veinte años. En el año 2008, con el Plan E, se pusieron miles y miles de farolas sólo porque había que gastar dinero…

-¿Qué perjuicios ocasiona la contaminación lumínica?

-Hay muchísimos. El más conocido por la población es la pérdida de visibilidad del cielo estrellado. Pero, en realidad, esto es algo anecdótico, comparado con otras cosas. Los astrónomos fuimos los primeros en darnos cuenta de este problema, pero todos los otros impactos son enormes. Por ejemplo, la contaminación lumínica causa una disrupción en los ecosistemas nocturnos y diurnos. Los animales diurnos necesitan dormir de noche y la luz les impide hacerlo, tienen una peor reproducción… esto se puede aplicar a todas las especies diurnas. Y en las nocturnas, la disrupción es mayor. Tengamos en cuenta que el 60% de especies del planeta son nocturnas. La noche es la esencia de los ecosistemas nocturnos, para evitar que te cacen, para usar la luna como reloj, para llamar la atención durante la época de apareamiento… En el norte, por ejemplo, los lobos cazan mucho más con luz. Si pones luces más azuladas, estás ayudando a los lobos a cazar más y a acercarse más a la población. Se está haciendo que el lobo vea más y cace más.

-Las aves parecen ser también muy sensibles a la luz artificial…

-Sí. Tengamos en cuenta que, cuando nacen las crías, aún no han podido evolucionar mucho para adaptarse a la luz artificial, precisamente porque es artificial. En sus primeros vuelos, se dirigen a las ciudades, se ven deslumbradas, chocan contra los edificios y mueren. Se sabe que en aves marinas o aves migratorias este es uno de los factores más importantes de mortandad. Hay varios faros en los que ha habido decenas de miles de aves muertas, debido a la luz de esos faros. Hay casos históricos en Francia o Inglaterra que a lo largo de años han causado cifras espantosas…

-Y al ser humano ¿también le afecta?

-Afecta de varias maneras. Los mosquitos se ven atraídos por la contaminación lumínica y eso hace que enfermedades transmitidas por ellos se extiendan más cuando hay iluminación. Esto se ha visto muy bien con la malaria, la fiebre del Nilo… Y luego hay otra serie de enfermedades que estadísticamente se relacionan con la contaminación lumínica. Nos afectaría cuando dormimos. Hay todavía mucha investigación pendiente al respecto, pero estamos hablando de enfermedades que no son ninguna tontería. Estamos hablando de que, a largo plazo (no de un día para otro) podría haber relación con cáncer de mama, cáncer de próstata, obesidad o diabetes. La gente que trabaja a turnos sí que tiene una mayor incidencia, y es gente que está expuesta a la contaminación lumínica de forma extrema.

Luz de tono ámbar, más sostenibles que la blanca

-Mucha gente opina que para la seguridad pública en las calles es necesaria la luz ¿Realmente esto es así?

-Es un tema muy interesante. Hay un hecho innegable: nos sentimos más seguros cuando hay luz. Pero cuando hacemos análisis estadísticos, la investigación no encuentra prácticamente ninguna relación entre luz y seguridad. Hay un informe publicado el año pasado referido a la ciudad de Chicago, uno de las de más criminalidad del mundo, donde analizaron 300.000 apagones para ver si durante esos momentos había más criminalidad. Y no encontraron ningún efecto. Cero. Llama bastante la atención. Sí encontraron que en las calles cercanas al apagón sí había más criminalidad. La explicación que dieron los investigadores es que la gente evitaba las calles apagadas, de modo que había más gente en las calles iluminadas que en las no iluminadas. Y por eso los cacos se desplazaban a esas zonas. Esto es algo que se ve en la literatura científica en general. De modo que las pruebas de que la iluminación reduzca la criminalidad o los accidentes de tráfico son más bien inexistentes. De hecho, en las carreteras iluminadas se ha visto que los conductores corren más que en las no iluminadas. Ahora bien, sí es cierto que con luz nos sentimos más seguro, sobre todo porque atrae más a la gente, para bien o para mal. Es un instinto.

-¿Cómo afectará el real decreto del Ministerio de Industria que va a regular la eficiencia del alumbrado y la contaminación lumínica?

-El principal problema es que prohíbe las fuentes de luz más sostenibles. Lo que sigue siendo más popular son las lámparas de sodio, que son muy naranjas y atraen menos mosquitos, ayudan menos a los cazadores nocturnos, etc. Son las más sostenibles y, sobre todo, su fabricación apenas supone emisión de CO2 comparadas con las Led. La única pega es que es más difícil regular su intensidad. El nuevo decreto obligaría a sustituir esas lámparas colocadas recientemente por otras menos sostenibles y mucho más caras. Pensemos que la ciudad de Madrid bajó su intensidad de luz en un 50% de forma muy barata (50 euros por farola), y ahora el decreto obliga a poner una cosa de 500 euros, y que es peor. Supondrá una emisión de CO2 mayor, que no la computarán a España, sino al fabricante de China, aunque nosotros seremos el causante. Y al ser luz blanca, emitiremos más contaminación lumínica.

-¿Pero los Led son siempre malos?

-No. Nosotros no decimos que no se pongan Leds. Los investigadores queremos Leds, pero de los buenos. Leds que reduzcan la contaminación lumínica. Recordemos que desde 2007 por ley es obligación de las administraciones reducir la contaminación lumínica, pero el texto es muy genérico y no hay medidas de control. Y ahora, medidas kafkianas como la que comento, de prohibir  las luces más sostenibles, con el nuevo decreto.

-Y también se obliga a que haya un mínimo de potencia de luz…

-Sí. En la isla de La Palma, muchas veces la intensidad se queda en un 20% de la instalada. En Francia, por ejemplo, hay 12.000 municipios, algunos tan grandes como Estrasburgo, que a partir de las 11 o 12 de la noche apagan su alumbrado público. Pues esto se quiere hacer ilegal en España. Hay aldeas de veinte habitantes, o incluso abandonadas, donde, si hay alumbrado público, no se podría apagar. Sé de una aldea concreta, donde no vive nadie y el alumbrado está encendido toda la noche. Esto no tiene ningún sentido. Si la población quiere apagar la luz en algún momento, ha de poder hacerlo. Además, tener el alumbrado público encendido en población rural tiene un coste por habitante mucho mayor que en una gran ciudad, y eso hace que luego no tengan otros servicios. Esa obligación de iluminar es inmoral. Iluminar es un derecho, pero no una obligación.

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Joan Lluís Ferrer

Joan Lluís Ferrer Colomar (Ibiza, 1967) es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco (UPV-EHU). Desde 1988 ha ejercido el periodismo en prensa, radio y televisión en Bilbao, Catalunya y Baleares. Especializado en información ambiental, desde 2019 coordina la sección Crisis Climática en los periódicos de Prensa Ibérica. Desde 2020 dirige Verde y Azul, el canal de medio ambiente de Prensa Ibérica y Grupo Zeta.

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