Verde y Azul

‘Terra insecta’: un libro esencial para entender los insectos

Los insectos son un tesoro ecológico sin el cual la vida humana no se sustentaría en el planeta. Un libro de reciente aparición ayuda a entender por qué son tan importantes, por qué deben preservarse y cuáles son sus amenazas.

Pocos mundos hay tan fascinantes como el de los insectos. Son criaturas que están en todas partes, sus especies parecen ser infinitas y sus funciones ecológicas, increíblemente importantes. El ser humano los subestima continuamente; no tienen buena prensa. Y, sin embargo, sin ellos no sobreviviríamos en este planeta.

Los insectos mantienen los ecosistemas en que vivimos, de ellos se obtienen sustancias que curan nuestras heridas, atacan las plagas que amenazan nuestros cultivos e incluso son capaces de digerir el plástico que anega nuestro mundo. Ya estaban antes de que aparecieran los humanos y seguramente continuarán estando aquí cuando nosotros hayamos desaparecido. Se estima que por cada ser humano hay 200 millones de insectos. Muchas especies no han sido aún siquiera documentadas.

‘Terra insecta: el mundo secreto de los insectos’ (Editorial Ariel) pone ante nuestros ojos cómo funciona este mundo. Su autora, Anne Sverdrup-Thygeson, ha estudiado durante toda su vida a estos seres y en este libro explica los motivos por los que deben ser preservados. En ello va nuestro propio futuro, asegura.

Sverdrup-Thygeson ha explicado a Efe la importancia de los insectos señalando que “la Naturaleza es como una hamaca hecha de tela que ha sido tejida por todas las especies, y sobre ella descansamos los humanos”. Dado el importante papel que juegan los insectos, una reducción importante de su población “sería como deshacer los hilos de la hamaca y, por tanto, comprometer nuestro bienestar futuro”.

Estas criaturas tienen “un valor irreemplazable” en la red alimentaria porque sirven de alimento a multitud de animales de mayor tamaño y, de hecho, “más del 60 % de las especies de aves del mundo los consumen”, por lo que “la vida tal como la conocemos depende de su protección”.

Asimismo, estos “pequeños engranajes”, que contribuyen a equilibrar y conservar los ecosistemas de una forma “genuinamente circular”, cumplen funciones ecológicas tan esenciales como “la polinización de las plantas, la eliminación de residuos, el control biológico de plagas o la descomposición de materia orgánica y formación del suelo” y ayudan a “mantener a raya a los organismos nocivos y dispersar semillas, resume Sverdrup-Thygeson.

“Estas criaturas son un cofre de prometedores tesoros medicinales”, asegura la bióloga, quien señala que “si la investigación biomédica se centrara más en el estudio de sus propiedades activas”, se lograrían “significativos avances” en el campo de la salud humana.

Por ejemplo, recuerda que la mosca de la fruta ha desempeñado un papel “fundamental” en los laboratorios durante más de un siglo, pues “nos ha enseñado sobre cromosomas y transmisión de rasgos genéticos” y, a día de hoy, continúa “generando conocimiento acerca de patologías como el párkinson y el insomnio, o fenómenos como el jet lag”.

En este sentido, “la cooperación entre hormigas y bacterias” también se ha convertido en objeto de estudio para “encontrar sustancias fungicidas y bactericidas efectivas para los seres humanos”, ya que existe una creciente preocupación por “la resistencia cada vez mayor de las bacterias a los antibióticos” que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, causa más de 700.000 muertes al año.

Todos estos beneficios están en riesgo debido a la contaminación, el uso de plaguicidas, el aumento de luz artificial, la presencia de especies invasoras, la producción agrícola y ganadera, la agricultura intensiva o el impacto del cambio climático, factores que alteran los ecosistemas locales e inciden en la disminución del número de insectos.

Por otra parte, la autora destaca su dimensión económica: “la destrucción de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos, incluyendo las especies de insectos, conlleva una degradación de la tierra que cuesta el equivalente al 10 % del producto bruto anual del mundo, según la Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas”, cuyas estimaciones cifran el valor de la contribución global sólo de los insectos polinizadores en unos 577.000 millones de dólares anuales.

Tipos de insectos

La clasificación de los insectos no siempre respeta los mismos criterios, pero generalmente se clasifican en los siguientes órdenes, según recoge la web ecologiaverde.com:

  • Odonata
  • Orden que incluye a las libélulas y caballitos del diablo. Este se considera el orden más primitivo de insectos, no pueden doblar las alas sobre el abdomen y presentan metamorfosis incompleta.
  • Blattodea
  • Aquí se incluyen las cucarachas. Son especies con metamorfosis indirecta, cuerpo aplanado, omnívoras y con un par de alas.
  • Orthoptera
  • Incluye a grillos, langostas y saltamontes. Poseen un tercer par de patas que está adaptado para saltar.
  • Phthiraptera
  • Orden que incluye a los piojos. No poseen alas y son parásitos, alimentándose de restos de piel, sangre o plumas del hospedador.
  • Coleoptera
  • Representan el reino animal con mayor número de especies conocidas. Incluye a los escarabajos. Este orden posee una gran diversidad de formas y están adaptados a todos los hábitats.
  • Diptera
  • Incluye a moscas, mosquitos y tábanos. Poseen solo un par de alas, con el otro muy reducido y que sirve para mantener el equilibrio.
  • Lepidoptera
  • Incluye a mariposas y polillas. Poseen metamorfosis completa y están adaptados a la vida nocturna.
  • Hymenoptera
  • Incluye a las hormigas, abejas y avispas. Poseen metamorfosis completa y se reproducen por partenogénesis. Se caracterizan porque muchas de sus especies son sociales y se organizan en sociedades con un rango de jerarquías.

Joan Lluis Ferrer

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