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Los terremotos impulsan el crecimiento de los árboles

Los terremotos pueden destruir edificios, pero también son capaces de ‘construir’ bosques. Impulsan el crecimiento de los árboles. Una investigación protagonizada por científicos alemanes y estadounidenses ha mostrado que los grandes terremotos pueden aumentar la cantidad de agua que alimenta los flujos de los arroyos, elevar los niveles de las aguas subterráneas en los valles y, por lo tanto, otorgar a las raíces de las plantas un mayor acceso al agua en entornos con escasez de este líquido.

Los movimientos sísmicos deforman y sacuden la superficie de la Tierra y el subsuelo. Estos cambios pueden afectar el flujo de agua subterránea, cuyo nivel puede aumentar en el fondo del valle y descender en las crestas más elevadas.

Los árboles dependen de estos recursos subterráneos, particularmente en climas secos. Los investigadores pretendían comprobar si, después de los terremotos, los árboles tienen mayores dificultades para acceder al agua en las zonas más altas, pero disponen de mucho más líquido en los valles. Y si esa circunstancia influye en el crecimiento de los árboles.

Los investigadores probaron  esa hipótesis en plantaciones de pinares que resultaron afectadas por el terremoto de 2010 en la región del Maule, en Chile. Descubrieron que el crecimiento de los árboles aumentó después del terremoto debido a la fotosíntesis mejorada en los suelos de los valles, pero disminuyó en las laderas superiores por el aumento del estrés hídrico.

Foto: pixabay

En general, las respuestas son pequeñas pero mensurables. Los cambios quedan reflejados en los anillos de los árboles. Y estas ‘firmas’ podrían usarse, incluso, para detectar y fechar terremotos antiguos. Porque las mediciones pueden realizarse a escalas más precisas que un año.

El terremoto del Maule mató a 525 personas

Los resultados del estudio proporcionan por tanto conocimientos novedosos sobre los impactos de los terremotos en el agua del suelo y el crecimiento de los árboles con una resolución diaria o semanal sin precedentes.

Los científicos no pretendían en un primer momento hallar vínculos entre la sismicidad y el crecimiento de los árboles. Estudiaban el transporte de sedimentos en los ríos. Pero la investigación dio un giro radical tras el terremoto del Maule, que alcanzó una magnitud de 8,8 en la escala de Richter y que sacudió los valles de los ríos que estaban analizando.

El terremoto y el posterior tsunami devastaron parte de la costa de Chile, mataron a 525 personas y afectaron directamente a más de dos millones. El hidrólogo de la Universidad de Potsdam, Christian Mohr, vivió el terremoto en primera persona. Se refugió bajo el marco de una puerta durante las sacudidas. “Fue aterrador”, rememora el científico.

Cuando semanas después Mohr y sus colegas regresaron a uno de los valles que estaban estudiando, descubrieron que los arroyos fluían más rápido. Sospechaban que el terremoto había provocado cambios en los suelos y los había hecho más permeables, permitiendo que el agua subterránea fluyera más fácilmente desde las crestas hacia los valles. Les pareció que el terremoto podría ayudar a que los árboles del valle crecieran a expensas de los de las laderas.

Foto: EFE

Para ver si esto estaba sucediendo, perforaron los troncos de varios pinos de Monterey en el valle y en las montañas de dos plantaciones de la costa chilena. En un laboratorio alemán, colocaron secciones de los núcleos bajo un microscopio y rastrearon cómo cambiaba el tamaño y la forma de las células dentro de los anillos de los árboles a medida que se disponía de más agua.

Un crecimiento pequeño, pero perceptible

Los investigadores también midieron cómo cambiaba la proporción de isótopos de carbono pesados y ligeros en estas células. Los árboles absorben más carbono-12 que carbono-13 durante la fotosíntesis, por lo que un cambio en la proporción puede indicar un brote de crecimiento fotosintético.

Así, descubrieron que los árboles en el fondo del valle experimentaron un crecimiento pequeño pero perceptible que duró semanas o meses después del terremoto del Maule, un impulso casi tan fuerte como los causados por las fuertes tormentas. Y como habían predicho, los árboles en las crestas crecieron más lentamente después del terremoto.

La técnica puede usarse para identificar terremotos y otros eventos que causan efectos de crecimiento a corto plazo y que se pasan por alto al considerar solo el ancho de los anillos de los árboles.

Debido a que los anillos reflejan el crecimiento promedio durante cada año, los estudios que los utilizan para identificar terremotos, erupciones volcánicas y tsunamis solo pueden fechar los eventos al año más cercano, en el mejor de los casos. Al combinar las mediciones a nivel celular con los datos de isótopos de carbono, se puede precisar hasta el mes en que haya ocurrido un movimiento sísmico.

Zona afectada por el maremoto de 2010 en Chile. Foto: latercera.com

Algunos científicos han propuesto repetir el estudio en otros lugares, para ver si la técnica sirve en diferentes climas y especies de árboles. De hecho, Mohr espera que este nuevo método funcione mejor en regiones más áridas, en las que el exceso de agua conduce aún a mayores brotes de crecimiento que en el Maule. Planea repetir el estudio con núcleos de árboles del Valle de Napa, en California (Estados Unidos).

Un método para identificar terremotos antiguos

El método también podría ayudar a los científicos a mirar hacia el pasado. La herramienta quizá pueda ayudar a los investigadores a identificar perturbaciones a causa de terremotos que ocurrieron hace miles de años.

Reconstruir un registro más preciso de los terremotos antiguos y otros eventos que impactan las aguas subterráneas sería “importante para fines geológicos, para la hidrología y para la sociedad”, señala Irina Panyushkina, experta en anillos de árboles de la Universidad de Arizona, que no participó en el estudio.

El terremoto del Maule ocurrió el 27 de febrero de 2010. Causó daños entre las regiones de Valparaíso y la Araucanía, donde habita cerca del 80% de la población de Chile.

El posterior maremoto, con olas de más de ocho metros de altura, también afectó a la isla Robinson Crusoe, en el archipiélago Juan Fernández, a Chanco –donde murieron 41 personas–, Curanipe, Pelluhue, Cauquenes y Constitución, la ciudad más importante de la costa sur del Maule, donde fallecieron cientos de personas.

El del Maule fue el segundo terremoto más fuerte registrado en Chile y el octavo en la historia de la humanidad. La energía liberada, según los expertos, equivalió a 800.000 bombas atómicas como la de Hiroshima. Se contabilizaron más de 200 réplicas durante los meses siguientes.

Estudio de referencia: https://agupubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1029/2021JG006385

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Foto principal: AP

Ramón Díaz

Ramón Díaz Alonso (Llanes, Asturias; 1962). Trabaja desde 1990 en La Nueva España, primero como corresponsal en la comarca oriental de Asturias, después como responsable de la edición del oriente de Asturias y desde 2017 en la sección de Asturias, especializado en información política, de infraestructuras y ambiental. Colabora desde enero de 2021 con Verde y Azul, el canal de medio ambiente de Prensa Ibérica y Grupo Zeta. Es coautor de varias publicaciones de la Asociación Asturiana de Periodistas y Escritores de Turismo (ASPET).

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