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ciudades climáticamente sostenibles

Los siete pasos para lograr ciudades climáticamente sostenibles

La ONU ha dado a conocer su ‘receta’ para conseguir ciudades climáticamente sostenibles y que recuperen el bienestar de sus habitantes. Muchas urbes del mundo están poniendo ya en marcha estas medidas y empiezan a dar resultado.

Las ciudades son uno de los factores que más contribuyen al cambio climático. Solo cubren el 2% de la superficie del planeta, pero consumen el 78% de la energía mundial y producen más del 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

La ONU calcula que 2.500 millones de personas, el 68% de la población mundial, vivirá en zonas urbanas en 2050, por lo que considera necesario cambiar el funcionamiento de las ciudades. La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC por sus siglas en inglés) ha señalado siete maneras en que las urbes pueden (y deben) actuar contra el cambio climático.

1.Construir mejor (o reacondicionar)

Los edificios ineficientes desde el punto de vista energético contribuyen en gran medida al cambio climático, por lo que es importante hacerlos más eficientes en cuanto a las emisiones de carbono o, mejor aún, que sean “cero emisiones”, apunta la UNFCCC.

Rediseñar y reacondicionar los edificios posibilita grandes reducciones de emisiones y, aunque no es barato,es una de las acciones climáticas necesarias para cumplir los objetivos del Acuerdo de París. La buena noticia es que en 2019 el gasto en edificios energéticamente eficientes aumentó por primera vez en tres años, según un informe de la ONU.

2.Adoptar el transporte público ecológico

La forma de desplazarse en las ciudades tiene un enorme impacto en las emisiones de carbono, por lo que la UNFCCC juzga “vital” introducir el transporte público ecológico en todo el mundo. Añade que las ciudades deberían fomentar el uso del transporte colectivo, aunque no sea eléctrico, “mediante billetes subvencionados, o incluso viajes gratuitos”.

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La ONU aboga por modelos de asociación público-privada como la desarrollada en Santiago de Chile, donde las autoridades propiciaron que los operadores privados invirtieran en autobuses eléctricos alquilados y gestionados por lases. Hoy la capital chilena tiene la mayor flota de autobuses eléctricos del mundo fuera de China.

3.Habilitar espacios verdes

Múltiples estudios han demostrado que el acceso a la naturaleza mejora el bienestar y garantiza ciudadanos más felices y sanos, y que los espacios verdes no sólo son buenos para el medio ambiente, sino también para la salud mental y física del ser humano.

Pero la UNFCCC señala que no hay que centrarse sólo en los parques, sino en garantizar que los espacios públicos estén “salpicados de vegetación”; por ejemplo, jardineras, jardines verticales y árboles, «parques de bolsillo», vías verdes, jardines comunitarios o tejados verdes.

4.Fomentar los paseos

La mayoría de las ciudades crecieron pensando más en los vehículos que en las personas. De tal manera que a menudo se considera que caminar es la forma más peligrosa de moverse por las ciudades (la Organización Mundial de la Salud calcula que cada año mueren en el mundo 270.000 peatones), por lo que es vital revertir esa situación y reducir el uso del automóvil.

La creación de “redes de paseo”, como se ha hecho en Manchester, con senderos seguros y protegidos en los que los peatones tienen prioridad, o la aplicación de tecnologías que garantizan que los semáforos permanezcan en verde hasta que crucen todos los peatones son algunas de las medidas que aconseja la UNFCCC, que aboga asimismo por cambiar las infraestructuras para proteger al peatón eimpulsar campañas de salud pública.

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5.Propiciar el uso de la bicicleta

Moverse en bicicleta por las ciudades también suele ser una actividad peligrosa, ya que los planificadores han dado tradicionalmente prioridad a los coches. Pero los beneficios de la bicicleta son enormes: un estudio del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático mostró en 2015 que un aumento del 20% en el uso de la bicicleta en todo el mundo reduciría las emisiones de dióxido de carbono del transporte urbano de pasajeros en casi un 11% para 2050.

Muchas ciudades están fomentando el uso de la bicicleta, Copenhague y Ámsterdam han introducido infraestructura ciclista específica, como aparcamientos seguros para bicicletas y carriles bici. También se han implantado en todo el mundo programas de bicicletas urbanas y compartidas con gran éxito.

6.Pasarse al vehículo eléctrico

Las empresas públicas y privadas y los ciudadanos están pasándose a los vehículos eléctricos y la UNFCCC considera indispensable que las ciudades también lo hagan, principalmente, construyendo las infraestructuras de recarga necesarias, tanto en el centro urbano como en las afueras.

Las ciudades también pueden introducir “incentivos financieros” para aumentar el uso de los vehículos eléctricos, e introducir plazas de aparcamiento reservadas para estos, apunta la entidad autorizada de la ONU sobre cambio climático. “Sólo cuando hagamos que los vehículos eléctricos sean más convenientes que los vehículos tradicionales veremos una adopción exponencial, con todos los beneficios para el medio ambiente que ello conllevará”, añade.

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7.Usar el agua de forma inteligente

Los recursos hídricos de todo el mundo están sometidos a una gran presión y, a medida que las ciudades se expandan, aumentará la demanda de agua. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estima que la demanda mundial de agua aumentará un 55% para 2050. Por eso, es “enormemente importante” que las ciudades gestionen de forma sostenible el suministro urbano, y que inviertan en soluciones de «agua inteligente», apunta la UNFCCC.

Un ejemplo: la utilización del agua como sistema de refrigeración para las ciudades desarrollado, como ocurre en Hong Kong, donde una urbanización utiliza un sistema de refrigeración basado en el agua de mar, que consigue un 35% más de eficiencia que un sistema estándar por aire.

Página de referencia: https://unfccc.int/

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Ramón Díaz

Ramón Díaz Alonso (Llanes, Asturias; 1962). Trabaja desde 1990 en La Nueva España, primero como corresponsal en la comarca oriental de Asturias, después como responsable de la edición del oriente de Asturias y desde 2017 en la sección de Asturias, especializado en información política, de infraestructuras y ambiental. Colabora desde enero de 2021 con Verde y Azul, el canal de medio ambiente de Prensa Ibérica y Grupo Zeta. Es coautor de varias publicaciones de la Asociación Asturiana de Periodistas y Escritores de Turismo (ASPET).

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