Verde y Azul

La emergencia climática impone programar una desescalada económica

Por: Fernando Valladares. Profesor de Investigación en el Departamento de Biogeografía y Cambio Global, Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).

Tres décadas de resumir y comunicar la evidencia científica sobre el cambio climático de origen humano nos han dejado tres conclusiones:

La primera es que seguimos sin hacer nada efectivo contra el origen del problema, la emisión de gases de efecto invernadero, que sigue subiendo y con ella las temperaturas.

La segunda es que la escala temporal y espacial del fenómeno sigue confundiéndonos a todos. Todavía pensamos que estamos hablando del clima futuro y de que es algo global y lejano. Dicho de otro modo, no tenemos del todo claro que el cambio climático nos afecta aquí y ahora.

La tercera conclusión es que todos los matices científicos, todo el lenguaje de probabilidades y escenarios de emisiones y clima no hace sino confundir y abrir espacio a debates estériles y a posponer decisiones ingratas.

Por ello los científicos combinamos informes con manifiestos y somos cada vez más tajantes en nuestras afirmaciones sobre lo que ocurre con el clima y por qué ocurre.

Sin tiempo para soluciones lentas

El panel internacional de cambio climático acaba de sacar un nuevo informe (el AR6 del IPCC) que ha generado mucha expectación y ha merecido extensos análisis.

Con el informe en la mano podemos decir un par de cosas bien sencillas de entender: hemos perdido un tiempo precioso para cambiar progresivamente a otra economía menos dependiente de la energía, en general, y del petróleo, en particular, que la actual, y tenemos que reducir nuestras emisiones como mínimo a la mitad en diez años para no entrar en escenarios climáticos realmente apocalípticos.

Foto: El Periódico

Aunque aún estamos a tiempo y todavía están a nuestro alcance muchas opciones, nos estamos quedando sin tiempo para lo gradual y para adoptar medidas por consenso.

Estas dos cosas, sencillas y contundentes, están ortogonalmente contrapuestas a la estrategia que la mayoría de los países están planteando para salir de la crisis provocada por la covid-19. Suponen incluso una confrontación directa a nuestros deseos más íntimos de recobrar una cierta normalidad tras la pandemia.

El sexto informe del IPCC no deja margen para la duda. No se trata de especulaciones ni ideologías sino de un compendio riguroso de la aplastante evidencia científica que señala a las toneladas de gases de efecto invernadero emitidas a la atmósfera durante el último siglo como responsables de las sofocantes temperaturas de casi 50 ℃ a más de 50⁰ de latitud norte en Canadá, de las inundaciones escalofriantes sufridas en Alemania, Bélgica y China, de la sequía extrema de Asia Central y de los incendios inextinguibles de Siberia, Grecia, Turquía e Italia.

Todo esto por mencionar apenas la meteorología de los meses del verano de 2021. Pero todos tenemos en mente las tormentas Gloria o Filomena, la temporada de huracanes o los incendios de Australia y California en el 2020, si nos remontamos apenas unos pocos meses más atrás.

Un camino tan incómodo como inevitable

Reducir la emisión de gases de efecto invernadero supone frenar el desarrollo económico, reorganizar y limitar la generación de energía, transformar completamente el transporte de mercancías y personas, reducir la agricultura y la ganadería intensivas, y reorganizar las ciudades empezando por el aislamiento de las viviendas y terminando por la gestión del tráfico y de los residuos. Son cosas que sabemos que hay que hacer, pero son justo las cosas que no estamos haciendo. O no a la velocidad adecuada al menos.

El Pacto Verde Europeo y la política agraria comunitaria distan de ser todo lo verdes que parecen ser y que necesitamos que sean.

Foto: Meteored

Los fondos de recuperación y los planes de desarrollo económico de los países de nuestro entorno vuelven a apuntar a la forma tradicional de hacer dinero. Una forma que se apoya en la definición monetaria de felicidad, salud y bienestar humano. Y sabemos que esta forma de hacer dinero no nos trae felicidad, ni salud ni bienestar.

El modo de vida insostenible y contaminante al que vamos orientándonos no nos hace felices y los escenarios climáticos a los que ese modo de vida nos lleva nos enferman, nos quitan literalmente el sueño y nos sumen en ansiedad, depresión o enfado. Si cambiar el clima no nos hace ni sanos ni felices, entonces ¿por qué afanarnos en dar la espalda a lo que propone la ciencia del clima?

Decrecer para reducir emisiones

En lugar de aceptar la evidencia científica y programar una desescalada económica que permita realmente reducir las emisiones de gases con efecto invernadero, nos proponemos una y otra vez hacer malabarismos socioeconómicos para conciliar desarrollo y sostenibilidad.

Nos planteamos una agenda de objetivos de desarrollo sostenible que no estamos cumpliendo entre otros motivos porque está llena de contradicciones. Empezando por el propio concepto de desarrollo sostenible.

Por este motivo están creciendo las voces de los que abogan por un decrecimiento, un término que asusta y escandaliza a propios y extraños, pero que resume con claridad lo que debemos hacer mientras no se nos ocurran malabarismos ambientales más eficaces.

Si recapacitamos bien, estamos transfiriendo al concepto de decrecimiento nuestro pánico, ancestral y justificado, a las recesiones económicas. Es una transferencia desafortunada porque son cosas bien distintas.

Hacer resonar ambas cosas como algo parecido dificulta la adopción de medidas de mitigación climática. Una recesión sobreviene, un decrecimiento se programa. Por tanto, una recesión siempre tendrá más y peores efectos colaterales que un decrecimiento planeado.

Foto: AgenciaNoticias

El informe del IPCC asegura que sigue siendo matemáticamente posible no rebasar los 1,5 °C de calentamiento respecto a la era preindustrial. Pero para no rebasarlos no son suficientes las matemáticas, la física, la química y la biología. Hace falta la concurrencia rápida y eficaz de la economía, la política y la ciudadanía.

Estamos hablando de medidas difíciles de encajar por los políticos debido a su elevado coste electoral, por los ciudadanos por su notable esfuerzo de aplicación y por la economía porque supone, simple y llanamente, ponerlo todo patas arriba.

Hay tecnología suficiente, pero el cuello de botella es su implementación real. No basta con tener soluciones tecnológicas, marcos jurídicos y estrategias políticas. Es imprescindible tener voluntad y capacidad de aplicar todo esto.

Cuando hablamos de reducir emisiones en serio, no podemos creernos que aumentando la eficiencia en el uso de la energía lo vamos a lograr. No olvidemos el efecto rebote o la paradoja de Jevons, según la cual el incremento de eficiencia da lugar a un aumento del consumo.

Podemos electrificar todos los coches y los edificios, podemos reorganizar el transporte público y favorecer el teletrabajo. Pero aun así no estaremos reduciendo emisiones lo suficiente. Pensemos en las imponentes emisiones asociadas a la agricultura convencional, a la aviación, a la generación y gestión de los residuos o a industrias como la del acero o del cemento.

No hay más opción que reducir el consumo. Y lo mejor que podemos hacer es programarlo y acompañar las medidas con reconversiones profundas y con información, mucha información y diálogo social.

Si pensamos que mitigar el cambio climático es difícil y caro, recordemos, por ejemplo, el coste astronómico de los incendios de California en 2020, o que transitar por la senda óptima de emisiones le ahorrará a Homo sapiens 74 millones de fallecimientos para finales de este siglo y mejoraría significativamente la salud y el bienestar físico y mental de centenares de millones de personas en todo el mundo. ¿Hay algo más valioso que eso? ¿Realmente necesitamos más razones para poner en práctica los informes científicos sobre el cambio climático?

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The Conversation

7 comentarios

  • «transitar por la senda óptima de emisiones le ahorrará a Homo sapiens 74 millones de fallecimientos para finales de este siglo y mejoraría significativamente la salud y el bienestar físico y mental de centenares de millones de personas en todo el mundo»

    Me parece que otro de los problemas, y grave, es ese. Me parece que el decrecimiento se debe aplicar también a no producir niños como rosquillas.

    «…imprescindible tener voluntad y capacidad de aplicar todo esto»

    Voluntad la puede haber. Capacidad, actualmente, es pasta, dinero, parné y con un decrecimiento (programando o no) es lo que deja de haber.

    Luego, los políticos pasan de todo excepto de vivir bien y con sus sueldos el cambio climático poco les afectará.

    Las recesiones son caóticas pero a los poderosos les da igual; seguirán siendo poderosos y seguirán viviendo como reyes.

    Mal lo veo.

  • Por favor, no nos olvidemos de los bosques como sumideros naturales de carbono y de la gestión forestal sostenible como herramienta eficaz para mitigar los efectos del cambio climático.
    La gestión adecuada de las masas fotestales son un gran aliado ante la emergencia climática y deben ser tenidas en cuenta en esas medidas urgentes a tomar junto a las demás.
    Los bosques y su correcta gestión son parte de la solución.
    Patricia Gómez Agrela, gerente de la Confederación de Organizaciones de Selvicultores de España (COSE)

  • Es una verdad cruel,pero a la vez honesta y real, nos estamos multiplicando peor que las rosquillas,las mujeres y la juventud lo ven como algo radical, pero radical sería si dejarían de existir y no poder procrear jamás,por lo tanto hay que tomar medidas serías y concienciar a las mujeres que traer niños ahora mismo al mundo es como si matariamos a la futura generación, nosotros mismos. Un parón de 5 años salvaría el mundo y la otra generación y así todo ser hasta ahora vive y después tamb.

  • Empieza por decrecer económicamente tú, espabilado. Siempre son los ricos que viajan en aviones privados y viven en mansiones con veinte cocineros los que nos dicen a los curritos de a pie que «no vivimos bien» y que «tenemos que renunciar a cosas», y ya huele un poco. Cómo huele que el mundo se lleve acabando 30 años ya (desde que yo tengo memoria, al menos), y el apocalipsis nunca termina de llegar. Iros a mamarla ya con esta pornografía del miedo.

  • https://www.eje21.com.co/2021/08/mas-alla-de-la-adolescencia-tecnologica-y-arquitectonica-urbana/

    CIENCIA Y TECNOLOGIA

    Más allá de la adolescencia tecnológica y arquitectónica urbana

    Los retos que impone el cambio climático, tienen que ver con los diagnósticos realizados por la ciencia, con las soluciones aportadas por la ciencia, así como con superar la amplia falta de ciencia, para no seguir afectando culturalmente, el entorno ambiental planetario. Fondo mismo del problema.
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    https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=2176450355830650&id=100003971215640&sfnsn=scwspmo

  • Si enfocan la solución del problema en disminuir las emisiones, deberían hablar con el gobierno chino, no tiene sentido que hagamos un esfuerzo si quien más contamina no lo hace.
    Si enfocan la solución del problema en mantener las emisiones y aumentar la fijación de gases de efecto invernadero, eso tiene fácil solución. Pero extrañamente los ambientalistas prefieren andar llorando en los cocktail de naciones unidas en vez de hacer algo realmente útil.