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ballena de los vascos

La ‘ballena de los vascos’ se extingue: solo quedan 356

El calor del océano Atlántico norte se está volviendo insoportable. El cambio climático ha provocado que esta gran extensión de agua esté viviendo su periodo más cálido en los últimos tres milenios y los seres vivos están sufriendo las consecuencias. La ballenas franca glaciar (Eubalaena glaciallis), también llamada ballena de los vascos, es la última especie en la que se ha observado un cambio de patrón en su comportamiento que podría derivar en su disminución y potencial extinción en tan solo unas décadas.

Así lo dictamina un reciente informe de la Universidad de Carolina del Sur (EEUU) publicado en la revista Oceanography, que indica que desde 2010, la tasa de natalidad en las ballenas francas ha disminuido provocando que las poblaciones de esta especie se hayan visto mermadas en aproximadamente un 26%.

A principios de la década, la población de ballenas francas del Atlántico norte superaba los 500 ejemplares. Ahora, el Consorcio de Ballenas Francas del Atlántico Norte calcula que la población es de tan solo 356 ballenas.

Este animal es una de las tres especies de ballenas francas que existen en el mundo pertenecientes al género Eubalaena, las cuales fueron anteriormente clasificadas como una sola especie. Existen dos más, una que habita más en la zona sur del Atlántico (ballena franca austral) y a la que habita más cerca del Pacífico Norte (ballena franca del Pacífico).

La ‘ballena de los vascos’

La ballena franca glacial es dócil y lenta en la superficie. Este comportamiento, unido a su alimentación, su tendencia para mantenerse cerca de la costa y su alto contenido de grasa, hacen que sea una presa fácil para los humanos desde tiempos muy antiguos.

De hecho, por su alto rendimiento de aceite de ballena, fueron objetivo preferente para los balleneros vascos en los siglos XVI y XVII, y de ahí surge su otro nombre: ballena de los vascos.

El área en el que habitan va desde las Islas Canarias, la costa atlántica de España hasta Gran Bretaña y las partes bajas de Groenlandia y la costa este de Estados Unidos, llegando hasta Florida y, concretamente al Golfo de Maine, que es donde estos investigadores las han estudiado.

Su movimiento por esta franja marina del mundo tiene relación con sus patrones de alimentación, fecundación y crianza, pues se van moviendo por todo este entorno buscando el lugar ideal donde realizar cada tarea vital.

Hoy, pese a estar considerada como especie en Peligro de Extinción y estar incluida en la Ley de Protección de Mamíferos Marinos, la ballena ha encontrado un nuevo enemigo: el cambio climático.

Ahora, al intentar huir de esas aguas tan cálidas y poco habitables, los animales se están exponiendo a choques de barcos más letales, enredos de pesca comercial desastrosos y tasas de partos muy reducidas.

El agua se calienta

«Debido al clima más cálido, la Circulación de la Corriente Atlántica se está desacelerando, lo que hace que la Corriente del Golfo se mueva hacia el Norte, inyectando agua más cálida y salada en el Golfo de Maine», asegura el investigador principal del artículo Charles Greene, profesor emérito del Departamento de Ciencias de la Tierra y Atmosféricas de Cornell.  El agua cálida accede a las zonas más profundas del Golfo que, a su vez, deriva todo ese calor a la Corriente del Golfo. Esto último es lo que ha provocado que la Corriente del Golfo haya cambiado drásticamente su trayectoria durante los últimos diez años.

«La mayor parte del calentamiento en el Golfo de Maine no proviene de la atmósfera o la superficie del océano, como uno podría pensar», asegura Greene, que insiste que todo ese calor en realidad “proviene de la invasión del agua de las laderas a muchos cientos de metros por debajo de la superficie del océano, lo que obliga a las ballenas francas a abandonar su hábitat tradicional».

Además, el calentamiento que está sufriendo el Golfo de Maine ha reducido la abundancia de copépodos, los diminutos crustáceos que son uno de los bocados favoritos de las ballenas francas.

Balleneros vascos capturando ejemplares en aguas de Terranova. Fuente: wikipedia

Los científicos creen que justamente esto es lo que ha provocado que las tasas de partos de ballenas francas hayan disminuido y haya obligado a las ballenas a abandonar sus áreas de alimentación, que frecuentan habitualmente a mediados de verano, como es el Golfo de Maine. En cambio, las ballenas se han dirigido al norte hacia las aguas más frías del Golfo de San Lorenzo.

El problema no es tanto que se vayan desplazando hacia aguas más frías, sino que en esos lugares no existe una protección específica para evitar choques con barcos y enredos en las artes de pesca.

Episodios de mortalidad

Esto ha provocado un aumento de mortalidad inusual, que ha acabado con la vida de 17 ballenas francas, principalmente en el Golfo de San Lorenzo. Diez ballenas francas fueron encontradas muertas en 2019, mientras que para 2020 y 2021, hasta el momento se han producido cuatro muertes.

«Las ballenas francas continúan muriendo cada año», asegura Erin Meyer-Gutbrod, profesora asistente de la Universidad de Carolina del Sur y también autora del artículo.

«Las políticas de protección deben fortalecerse inmediatamente antes de que esta especie disminuya más allá del punto de no retorno», añade.

Los oceanógrafos esperan que estos nuevos hallazgos permitan llevar a cabo nuevas políticas que limiten las pesca con redes, apliquen un límite de velocidad para los barcos y financien el monitoreo y la predicción de la evolución del ecosistema.

Artículo de referencia: https://tos.org/oceanography/article/ocean-regime-shift-is-driving-collapse-of-the-north-atlantic-right-whale-population

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Verónica Pavés

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