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pulpo óscar

El pulpo: un animal de nueve cerebros que ha ganado un Óscar

Algunos científicos han aventurado que son extraterrestres. Tienen tres corazones, sangre azul, nueve cerebros (o un cerebro múltiple), ocho brazos capaces de “pensar” por sí mismos de forma independiente y dos mil ventosas con las que pueden palpar, oler, degustar y usar herramientas. Cambian de forma y de color a voluntad, son capaces de resolver problemas, aprenden de sus errores y elaboran estrategias de caza. Tienen una inteligencia extraordinaria, excelente memoria, capacidad de juego, rasgos estables de personalidad y conciencia de sí mismos. Es el pulpo, una criatura fascinante, que ahora además ha ganado un Óscar de Hollywood.

El pulpo sigue asombrando a los científicos. Tanto así que hace tres años un equipo de 33 investigadores aventuró que no es originario de la Tierra, sino extraterrestre. Según este estudio, que ha sido cuestionado por la comunidad científica y ha recibido aluviones de críticas, un conjunto de meteoritos que hace algo más de 540 millones de años colisionó con la Tierra portaba huevos fertilizados de octópodos.

El interés por este sorprendente animal se redobló hace solo unas semanas, cuando ganó el Óscar al mejor documental ‘Lo que el pulpo me enseñó’ (Octopus Teacher). La grabación relata en primera persona la insólita amistad que mantuvieron durante casi un año un pulpo hembra y el buceador sudafricano Craig Foster, y el impacto que tuvo en éste aquella relación. En este enlace puedes ver el trailer oficial.

Al margen de su gran belleza cinematográfica, el documental, rodado en los bosques de algas del extremo sur de África, revela algunos de los ‘superpoderes’ de los pulpos, como su enorme capacidad de aprendizaje, su curiosidad y su maestría en el arte del camuflaje.

Este ser de apariencia alienígena es capaz, por ejemplo, de transportar materiales para construir refugios, de salir a tierra firme, reptar y hasta caminar a dos patas si se encuentra en peligro. Puede desprenderse de alguno de sus tentáculos si es atacado. Luego reconoce su extremidad perdida y la diferencia de la de otros congéneres y otras especies.

Además, los tentáculos amputados siguen ejecutando tareas cognitivas, moviéndose y actuando por su cuenta durante unas horas, lo que en muchas ocasiones consigue despistar a los depredadores. Pero es que, además, el pulpo regenera sus tentáculos en unas semanas: vuelven a crecer.

Los científicos han comprobado que el pulpo tiene lo que se denomina facilitación presináptica de serotonina, una sustancia neurotransmisora que influye en el estado de ánimo, las emociones y los estados depresivos. De hecho, un estudio de la Universidad Estatal de San Francisco concluyó hace un mes que los pulpos son capaces de sentir dolores emocionales complejos, como los humanos, los chimpancés o los perros.

Tienen conciencia de sí mismos

La Declaración de la conciencia de Cambridge, firmada en 2010 por un grupo de neurocientíficos, incluye al pulpo entre los animales que tienen conciencia de sí mismos, como los humanos, los delfines, los grandes simios o los elefantes.También se ha comprobado que los pulpos son capaces de jugar por simple diversión con otros congéneres, e incluso con ejemplares de otras especies.

Se conocen más de 300 especies diferentes de pulpos. Todas ellas son venenosas (utilizan toxinas para paralizar a sus presas), pero solo una es mortal para el ser humano, el pulpo de anillos azules. Hay constancia de que este animal ha matado a dos personas.

Los pulpos expelen nubes de tinta tóxica que, además de ocultarlos contiene una sustancia que embota los sentidos del olfato y el gusto del depredador y puede incluso llegar a matarlo.

La única parte dura del cuerpo del pulpo es su pico, que se encuentra en la boca, en el centro del cuerpo, por el que inoculan el veneno. Al no tener esqueleto ni interno ni externo (son casi en su totalidad músculo) pueden introducirse casi por cualquier recoveco para escapar de los depredadores o para acechar a sus presas.

Pese a ser un molusco, el pulpo tiene una excelente visión, muy diferente a la del resto de los invertebrados, y con algunas similitudes a la del ser humano. Aunque son daltónicos y no ‘ven’ los colores, sí son capaces de ‘sentirlos’ midiendo el ángulo de aberración cromática de los objetos, lo que les permite imitar a la perfección la tonalidad de las superficies sobre las que se posan y confundirse con el entorno. Además, cambian a voluntad su espectro de visión para adaptarse a la profundidad de las aguas.

Otra curiosidad de estos animales es que las hembras, tras poner sus huevos (hasta 400.000) en lo más profundo de una grieta, dejan de comer hasta consumirse para defender a los huevos, proveerlos de oxígeno y limpiarlos de impurezas bombeando agua constantemente. Un mes después de la puesta, tras eclosionar los huevos, la madre muere.

También los machos mueren poco después del apareamiento. De ahí que su esperanza de vida sea en la mayoría de las especies de poco más de un año. Y de ahí también que los pequeños pulpos recién nacidos no puedan aprender nada de sus progenitores y tengan que arreglárselas solos. Los ayuda su elevadísima velocidad de aprendizaje.

En vez de hemoglobina, la sangre del pulpo utiliza hemocianina, que contiene cobre, lo que hace que sea de color azul. El pulpo no solo es un artista del camuflaje, también es un perfecto imitador: simula la forma y los movimientos de más de una docena de especies, entre ellas, las serpientes marinas o el pez león, ambas venenosas, lo que le permite ahuyentar a sus depredadores.

Lanzan objetos y desenroscan frascos

Son capaces de caminar a dos patas, tanto en tierra como en el fondo del mar, y de realizar tareas tan complejas como desenroscar frascos (desde dentro y desde fuera), desmontar el sistema de filtración de un acuario, preparar emboscadas a sus presas, lanzar objetos como si fueran proyectiles contra sus depredadores, navegar sin perderse a través de laberintos complejos o reconocerse en un espejo.

Hace cinco años se conoció la historia de ‘Inky’, un pulpo que vivía en el Acuario Nacional de nueva Zelanda y que fue capaz de regresar al mar tras escaparse por una tubería de drenaje sin que sus cuidadores se dieran cuenta.

Otro pulpo ‘Otto’, aprendió en un acuario alemán que lanzando agua hacia las luces que iluminaban la estancia conseguía dejarlo todo a oscuras. Lo hizo durante varios días seguidos.

Los pulpos poseen tres corazones. Dos de ellos bombean sangre a las branquias y el tercero al resto del cuerpo. Tienen nueve cerebros, uno principal y ocho secundarios, uno en cada tentáculo. De ahí que estos ocho brazos sean ‘inteligentes’ y capaces de tomar decisiones de manera independiente, sin necesidad de que el cerebro central envíe las órdenes, tal y como demostró en 2019 una investigación de la Universidad de Washington.

Los científicos sospechan (aún no han podido demostrarlo fehacientemente) que los pulpos sueñan: mientras duermen experimentan diferentes estados, uno análogo al REM de los humanos, y cambian de color, como si estuvieran reaccionando a algún tipo de ensoñación.

Se han hallado fósiles de pulpos de hasta 300 millones de años de antigüedad, lo que revela que existen desde antes de que surgieran los dinosaurios y demuestra el éxito de la especie. Son moluscos que en algún momento (los científicos creen que hace 275 millones de años) perdieron su concha protectora. A cambio, desarrollaron aún más sus capacidades intelectuales.

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Ramón Díaz

Ramón Díaz Alonso (Llanes, Asturias; 1962). Trabaja desde 1990 en La Nueva España, primero como corresponsal en la comarca oriental de Asturias, después como responsable de la edición del oriente de Asturias y desde 2017 en la sección de Asturias, especializado en información política, de infraestructuras y ambiental. Colabora desde enero de 2021 con Verde y Azul, el canal de medio ambiente de Prensa Ibérica y Grupo Zeta. Es coautor de varias publicaciones de la Asociación Asturiana de Periodistas y Escritores de Turismo (ASPET).

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