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El Amazonas, a punto de convertirse en emisor neto de CO2

Ya se ha destruido el 17% de la selva amazónica y cuando esa proporción llegue al 20% o 25% los efectos podrían ser devastadores: este bosque pasaría de limpiar la atmósfera a ensuciarla. Así lo ha determinado un grupo de científicos, que dibuja un panorama más preocupante de lo que se creía.

Lo que sucede en la Amazonia afecta al mundo entero. Es la franja más grande de selva tropical del la Tierra. Un gigantesco sistema boscoso que impulsa un sistema hidrológico y climático regional parcialmente autosuficiente que, según los científicos, corre un “riesgo creciente de colapso repentino”, porque se está acercando rápidamente a un “punto de inflexión catastrófico”.

Un estudio pionero, realizado por un equipo de más de 30 científicos, ha concluido que es probable que la selva amazónica sea ya “contribuidora neta al calentamiento del planeta”, al emitir más gases de efecto invernadero –no solo C02– que los que absorbe.

Hay un mensaje positivo de los investigadores: “El efecto aún puede invertirse”. Pero el tiempo se acaba. Los científicos creen que podría alcanzarse el “punto crítico” en la Amazonia solo con talar del 20 al 25 por ciento de la selva, pues se reduciría notablemente su potencial para “limpiar” las emisiones de combustibles fósiles. Y, según cálculos del gobierno brasileño, la tala ya ha destruido un 17 por ciento.

Lejos de ser homogénea, la Amazonia incorpora desde bosques de montaña hasta manglares, a través de una gran variedad de suelos y sustratos distintos, integrados por una red fluvial muy diversa desde los puntos de vista biológico, geológico y químico, que genera inundaciones estacionales extensas. Los impactos humanos en la cuenca son igualmente diversos y heterogéneos, lo que refleja las numerosas unidades ecológicas, políticas, socioeconómicas y culturales distintas que la integran.

Entre las conclusiones de la investigación, apoyada por la National Geographic Society y publicada en ‘Frontiers in Forests and Global Change’, destaca la necesidad de “reducir las emisiones brutas consecuencia de la deforestación tropical como estrategia de mitigación del cambio climático”. Destaca asimismo la “contribución sustancial, pero a menudo subestimada, de los bosques primarios y secundarios más antiguos intactos a la eliminación de dióxido de carbono”.

La desecación de humedales y la compactación del suelo por las talas pueden incrementar tanto las emisiones de gases de efecto invernadero como el óxido nitroso, advierten los científicos. Los incendios para eliminar la vegetación, por su lado, liberan carbono negro, pequeñas partículas de hollín que absorben la luz solar y aumentan el calor y que está considerado como el segundo mayor contaminante atmosférico tras el C02 (algunos estudios señalan que es responsable del 16% del calentamiento global), por su larga vida en la atmósfera, que puede alcanzar los 200 años.

Foto: Pexels

La deforestación puede alterar los patrones de precipitaciones, secando y calentando el bosque, indica el estudio. Las inundaciones regulares y la construcción de presas liberan metano, un gas que también provoca la cría de ganado bovino, uno de los motivos principales por los que destruyen los bosques. La investigación señala que  aproximadamente el 3,5 por ciento de todo el metano liberado en el planeta procede de los árboles amazónicos de forma natural.

Aunque los datos ya eran conocidos, ningún equipo científico había intentado evaluar hasta ahora el efecto acumulativo de todos esos procesos, que están transformando rápidamente a la Amazonia. La conclusión del cruce de todos los datos disponibles es que el calentamiento atmosférico provocado por todas estas fuentes combinadas supera al efecto de “enfriamiento natural de la selva”.

Descarbonizar no es suficiente; hay que dejar de deforestar

Detener las emisiones globales por el uso de carbón, el petróleo y el gas natural ayudaría a restaurar el equilibrio, pero no sería suficiente. Resulta imprescindible “frenar la deforestación, reducir la construcción de presas e incrementar los esfuerzos para replantar árboles”. Porque lo contrario, sobre todo seguir eliminando vegetación en la Amazonia “agravará el calentamiento en todo el mundo”, señalan los autores del informe.

“Las talas afectan a la absorción de carbono, lo cual supone un problema”, afirma el autor principal del estudio, Kristofer Covey, profesor de Estudios Ambientales en el Skidmore College de Nueva York. “Cuando empiezas a analizar todos estos factores junto al CO2, cuesta mucho ignorar que el efecto neto es que la Amazonia en su conjunto está calentando el clima global”, añade.

“Tenemos un sistema del que hemos dependido para contrarrestar nuestros errores, pero hemos superado con creces la capacidad de ese sistema para proporcionar un servicio fiable”, afirma la coautora del informe Fiona Soper, profesora adjunta de la Universidad McGill, en Canadá.

Rob Jackson, científico de sistemas terrestres en la Universidad de Stanford y uno de los principales expertos en emisiones de gases de efecto invernadero globales, instó a mirar más allá del CO2, porque no es un actor solitario, sino solo una parte del problema.

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Patrick Megonigal, director adjunto de investigación en el Centro de Investigación Ambiental del Smithsonian, abundó en la misma idea, al señalar que los autores del estudio han hecho “algo importante: extender el debate más allá del dióxido de carbono, en el que se centra el 90 por ciento de la conversación pública”. Su conclusión: cuando se tienen en cuenta todos los elementos, “las repercusiones de las actividades humanas serán peores de lo que creemos”.

El Amazonas ya está cambiando

De hecho, la selva ya ha cambiado de forma alarmante. Llueve de forma más torrencial, lo que provoca que haya más inundaciones y que sean más frecuentes; se registran sequías más a menudo y, en algunas zonas, son de mayor duración; los árboles que prosperan en lugares húmedos están siendo superados por especies altas que toleran la sequía; y los incendios provocados han vuelto a aumentar: en 2019 ardieron aproximadamente 2,2 millones de hectáreas, una superficie ligeramente inferior a la de la Comunidad Valenciana.

Las actividades humanas complican estos ciclos naturales tanto por el cambio climático como mediante la tala, la construcción de embalses, la minería y la agricultura. En Brasil, la deforestación se ha disparado en los últimos años y alcanzó en 2020 su nivel máximo en 12 años, con un aumento de casi un 10 por ciento frente al año anterior.

Los científicos, entre los que figura la española Ana María Yáñez-Serrano, del Centro de Investigación en Aplicaciones Ecológicas y Forestales (CREAF), animan a los gobiernos a aprovechar los datos recabados en el estudio para el seguimiento de los objetivos nacionales y subnacionales de mitigación del cambio climático en el sector forestal. También podrían beneficiarse las empresas que buscan reducir las emisiones asociadas a las cadenas de suministro de productos básicos y los mecanismos de los mercados emergentes que consideran la inclusión de los bosques en los programas de compensación de carbono.

Artículo de referencia: https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/ffgc.2021.618401/full

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Ramón Díaz

Ramón Díaz Alonso (Llanes, Asturias; 1962). Trabaja desde 1990 en La Nueva España, primero como corresponsal en la comarca oriental de Asturias, después como responsable de la edición del oriente de Asturias y desde 2017 en la sección de Asturias, especializado en información política, de infraestructuras y ambiental. Colabora desde enero de 2021 con Verde y Azul, el canal de medio ambiente de Prensa Ibérica y Grupo Zeta. Es coautor de varias publicaciones de la Asociación Asturiana de Periodistas y Escritores de Turismo (ASPET).

1 comentario

  • El problema no son los bosques, es la raza humana, el consumerismo desmedido, el abuso de los recursos que nos provee el planeta, pero pagaremos un precio, altísimo, sin olvidar a los presidentes de las naciones que hacen poco o nada para evitar, estos crímenes ambientales y no son enjuiciados criminalmente por todo lo ocurrido y su indiferencia. Se debería investigar a fondo a los presidentes de las naciones y como se relaciones o que tipo de intereses estos tienen con lo que ocurre en estas talas de bosque para que estos líderes mundiales, se hagan de la vista larga. Aunque la vegetación es esencial para nuestra excistencia.