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¿Por qué el calentamiento global puede provocar una nueva era glacial en Europa?

El calentamiento global, paradójicamente, puede provocar un importante enfriamiento de las temperaturas en Europa, de entre 5 y 10 grados centígrados. E incluso propiciar una nueva era gracias en el Viejo Continente. Parece contradictorio, pero los científicos aseguran que así ocurrirá si el cambio climático provoca el colapso del sistema de corrientes del océano Atlántico, la denominada Circulación Meridional de Retorno del Océano Atlántico (AMOC, por sus siglas en inglés). Y ya está ocurriendo. Más aún, la AMOC se aproxima a su umbral crítico. Los investigadores han lanzado un aviso urgente, porque el sistema de corrientes oceánicas es vital para la estabilidad del clima mundial.

Un nuevo estudio publicado en ‘Nature Climate Change’ y respaldado por el proyecto TiPES, financiado con fondos europeos y que persigue cuantificar mejor los elementos de inflexión presentes en el sistema climático, ha destacado cómo el sistema de corrientes del Atlántico, del cual forma parte la corriente del Golfo, parece estar mostrando “señales claras de inestabilidad y de posible colapso”. Si esto sucediera, los científicos auguran que provocaría “un efecto de enfriamiento importante del clima de Europa”.

Foto: unsplash/NASA

El estudio fue dirigido por Niklas Boers, del Instituto de Investigación sobre el Cambio Climático de Potsdam (PIK, por sus siglas en alemán), que es miembro del consorcio TiPES (Tipping Points in the Earth System). El estudio descubrió, mediante un examen detallado de las observaciones contemporáneas y de las señales de alerta tempranas (como los patrones de salinidad de las aguas oceánicas), que la AMOC puede haber estado perdiendo su estabilidad en el transcurso del último siglo.

Consecuencias graves en la meteorología del planeta

Esta circunstancia es preocupante a la par que sorprendente. Preocupante, porque la AMOC no solo es la responsable de las temperaturas relativamente suaves en Europa (mucho más que zonas de América situadas a la misma latitud), sino que también influye en los sistemas climáticos de todo el mundo.

Si la AMOC colapsara, algo que hasta ahora no se consideraba probable según los niveles actuales de calentamiento global (de ahí el aspecto sorprendente de los resultados del estudio), esto acarrearía “consecuencias graves en la meteorología y el clima mundiales y, especialmente, en los europeos”, subrayan los expertos.

El colapso de las corrientes atlánticas provocaría un enfriamiento en el hemisferio norte, un aumento del nivel de las aguas en el Atlántico, un descenso general de las precipitaciones sobre Europa y Norteamérica y, en un contexto más amplio, podría incluso perturbar la temporada anual de monzones tropicales.

Hasta ahora, los climatólogos no habían pronosticado un posible colapso del sistema de la AMOC hasta, al menos, el año 2100. Pero este estudio nuevo indica que esta previsión deba ser ahora revisada. “La pérdida de estabilidad dinámica implicaría que la AMOC se ha aproximado a su umbral crítico”, resaltó Niklas Boers, autor del estudio y miembro del proyecto TiPES.

La circulación oceánica global entre aguas frías y profundas y aguas cálidas y superficiales influye enormemente en los climas regionales de todo el mundo. Bajo el título “Una posibilidad escalofriante”, la NASA ya había publicado una severa advertencia hace diecisiete años sobre los efectos que puede tener el calentamiento global del planeta sobre Norteamérica y Europa: desencadenaría, sorprendentemente, un enfriamiento, incluso una congelación profunda, probablemente en sólo unas pocas décadas, como consecuencia de la interrupción de la enorme corriente marina.

El hielo es la clave

Según esta es una teoría, avalada por muchos científicos y ahora corroborada por este último estudio, la descongelación del hielo marino que cubre el Ártico, que se está acelerando en los últimos años, podría alterar o incluso detener las grandes corrientes del Océano Atlántico.

Foto: pixabay

Sin el inmenso calor que proporcionan estas corrientes oceánicas –comparables a la producción de energía de un millón de centrales nucleares– la temperatura media europea podría descender de 5 a 10ºC, y algunas zonas de Norteamérica se enfriarían sólo un poco menos. Este cambio en la temperatura sería similar a las temperaturas medias del planeta hacia el final de la última era glacial, hace aproximadamente 20.000 años, advertía la NASA en 2004.

Existen varios satélites que día y noche vigilan la capa de hielo del Ártico, algunos de los cuales utilizan microondas en vez de luz visible, lo que permite “penetrar las nubes y ofrecer vigilancia ininterrumpida del hielo”, incluso en ausencia total de luz.

Los satélites ya mostraban en 2004 claramente un descenso del hielo “eterno” del Océano Ártico (la parte que permanece congelada durante los meses cálidos de verano). Ese hielo estuvo disminuyendo desde el comienzo de las observaciones satelitales, en 1978, a un promedio de un 9% por década hasta los primeros años de este siglo. Pero estudios más recientes sitúan el porcentaje muy por encima, sugiriendo que la desaparición del hielo del Océano Ártico se está acelerando.

Un ‘vuelco’ clave para el equilibrio climático mundial

Tanto así que un reciente estudio ha augurado que la que los científicos denominan ‘última zona de hielo’ (donde el agua permanece congelada incluso en verano) desaparecerá antes de 2100 a causa del calentamiento global. Y con ella toda la fauna existente: focas, osos polares…

El sistema de circulación del Atlántico Norte es muy sensible a las entradas de agua dulce. Esto se debe a que la Corriente del Golfo mueve el agua superficial cálida desde el ecuador hacia el norte a través del océano, donde el agua se enfría, se vuelve más salada debido a la evaporación y muy densa.

Cuando se acerca a la costa de Terranova, o más al noreste en el Mar de Noruega, se vuelve lo suficientemente densa como para hundirse. Este proceso se llama ‘vuelco’. Es clave para el equilibrio climático mundial. El agua densa viaja después lentamente a través de las aguas profundas hacia el hemisferio sur, y el flujo de retorno hacia el norte ocurre en la superficie.

Sistema de corrientes oceánicas. Fuente: Agencias

Esto provoca que el clima de Europa Occidental sea en la actualidad mucho más cálido que el de las latitudes equivalentes de América del Norte, porque la Corriente del Golfo proporciona mucho calor a esas partes de Europa.

Pero cuando el agua dulce se mezcla con el agua salada en el Atlántico Norte, hace que el agua sea menos densa y ralentiza el proceso de vuelco y la circulación del océano. El estudio de la NASA detalló que el agua dulce procedente del derretimiento de los glaciares en tierra que desembocó en el Atlántico Norte a través del río San Lorenzo al final de la última Edad de Hielo, cerró el sistema de circulación de aguas profundas en varios cientos de años.

La Corriente del Golfo no se detendrá por completo

Además, la investigación concluyó que la circulación de aguas profundas del Atlántico Norte responde linealmente a las adiciones de agua dulce, lo que significa que cuanto más y más tiempo la agregue, mayor será la reducción de la circulación oceánica.

El estudio señaló que la entrada de agua dulce podría disminuir el sistema de corrientes y detener el vuelco, pero esto no detendría a la Corriente del Golfo por completo, porque es empujada parcialmente por los vientos.

Pero el modelo de computadora utilizado por la NASA en su estudio mostró que la Corriente del Golfo reducida solo transportaría aproximadamente la mitad del calor hacia el norte, enfriando así Europa Occidental. Esta circunstancia contrarrestaría en parte el ‘efecto invernadero’ que el calentamiento global, fruto del cambio climático, ya está provocando en buena parte de Europa Occidental.

Informe de referencia: https://www.nature.com/articles/s41558-021-01097-4

Proyecto TiPES: https://www.tipes.dk/

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Foto principal: unsplash/NASA

Ramón Díaz

Ramón Díaz Alonso (Llanes, Asturias; 1962). Trabaja desde 1990 en La Nueva España, primero como corresponsal en la comarca oriental de Asturias, después como responsable de la edición del oriente de Asturias y desde 2017 en la sección de Asturias, especializado en información política, de infraestructuras y ambiental. Colabora desde enero de 2021 con Verde y Azul, el canal de medio ambiente de Prensa Ibérica y Grupo Zeta. Es coautor de varias publicaciones de la Asociación Asturiana de Periodistas y Escritores de Turismo (ASPET).

1 comentario

  • Gracias por publicar cien por ciento realidad en la información suministrada a los lectores desearía qué hubieran otros medios más puntuales qué influenciaran más está clase de conocimiento no esas ignorantes y descomunales torpezas de está generación gracias nuevamente por brindar ése granito de arena