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Estudian el ‘silbo’ canario para aprender el lenguaje de los delfines

Un equipo de investigadores está analizando los lenguajes silbados del mundo, y especialmente el ‘silbo’ canario, para tratar de desentrañar las claves de la comunicación de los delfines, que emplean un sistema de tonos parecido. El reto es descubrir cuál es la unidad mínima del lenguaje de dichos cetáceos y para ello lo compararán con los lenguajes silbados, que no siempre usan los mismos esquemas que los idiomas hablados.

No solo se silba mientras se está distraído o entregado a una tarea agradable. Más de 80 culturas en todo el mundo emplean algún tipo de ‘lenguaje silbado’ para comunicarse a largas distancias. Ahora, un equipo de científicos ha descubierto que estos lenguajes humanos con silbidos pueden servir de modelo para intentar decodificar la comunicación de los delfines, según publica la revista Frontiers in Psycology.

El habla humana silbada se desarrolló sobre todo en lugares donde la gente habita en terrenos escarpados y accidentados, como montañas o bosques densos, en los que el silbido llega mucho más lejos que el habla ordinaria, aunque sea a gritos.

Uno de los casos más paradigmáticos de esta singular forma de comunicación humana es la que se emplea todavía en las islas de la Gomera y El Hierro (Canarias), donde es empleado por la población en su actividad cotidiana. Antiguamente, también existió en otras islas del archipiélago.

También hay o ha habido hasta hace poco lenguajes silbados en varias localidades de México, Bolivia, Brasil, Birmania, Nepal, Turquía, Grecia, Francia, África y Papúa Nueva Guinea.

Aunque estos lenguajes silbados varían mucho según cuál sea la cultura que los emplea y la región donde se usan, el principio básico es siempre el mismo: se trata de simplificar las palabras, convirtiéndolas, sílaba a sílaba, en melodías silbadas.

Un silbador experimentado puede transmitir una cantidad asombrosa de información. En el lenguaje turco silbado, por ejemplo, las frases habituales con silbidos se entienden hasta en un 90% de las ocasiones.

El habla humana con silbidos podría ser un modelo para entender cómo algunos cetáceos, como los delfines mulares, se comunican. Es una idea que surgió por primera vez en la década de 1960 con el trabajo de René-Guy Busnel, un investigador francés que fue pionero en el estudio de las lenguas silbadas.

Más recientemente, algunos de los antiguos discípulos de Busnel se han unido para explorar potenciales afinidades entre los delfines mulares y los humanos, que tienen el cerebro más grande del planeta en relación a su tamaño corporal.

«Ambos lenguajes, el silbado humano y el de los delfines, se caracterizan por parámetros acústicos similares y tienen un propósito común de comunicación a larga distancia en entornos naturales en dos grandes especies sociales con cerebros. Además, sus diferencias (por ejemplo, cómo se producen, la dinámica de los silbidos y los tipos de información que transmiten), no son barreras para tal comparación», señala el estudio.

lenguaje delfines

El autor principal del estudio ahora publicado, Julien Meyer, lingüista del Gipsa Lab del Centro Nacional de Investigaciones de Francia (CNRS), pone este ejemplo: la capacidad de un oyente para decodificar el lenguaje humano o el silbido se basa en la competencia lingüística de dicho oyente, por ejemplo, su comprensión de fonemas, que es la unidad de sonido que permite distinguir una palabra de otra. Sin embargo, en el caso del lenguaje silbado humano, las gráficas de sonido llamadas sonogramas no siempre están separadas por silencios entre sus diferentes unidades.

“En cambio, los científicos que tratan de decodificar la comunicación de los delfines y otras especies que ‘silban’, a menudo clasifican esos silbidos en función de los intervalos silenciosos que hay entre unos pitidos y otros”, señaló Diana Reiss, profesora de psicología en el Hunter College de EEUU. Es decir, es posible que los investigadores tengan que replantearse cómo descifran la comunicación silbada en animales en función de lo que revelan los sonogramas en el habla silbada humana.

Al objeto de desarrollar nuevas técnicas para analizar los tonos emitidos por los delfines, los investigadores aprovecharán los datos del lenguaje de estos cetáceos recopilados hasta ahora y se compararán con una base de datos de lenguajes silbados humanos disponibles en Francia, Brasil y en entidades privadas, entre ellas El Silbo de El Hierro, en España.

“Con estos datos, por ejemplo, desarrollaremos nuevos algoritmos y probaremos algunas hipótesis sobre la estructura combinatoria”, señaló Meyer, refiriéndose a los bloques de construcción del lenguaje, como los fonemas, que pueden combinarse para crear un significado.

El equipo señala que los científicos ya usan el aprendizaje automático y la inteligencia artificial para ayudar a estudiar a los delfines en vídeos e incluso para identificar las llamadas de estos animales. Pero para tener un algoritmo de inteligencia artificial capaz de descifrar la comunicación del silbido de los delfines, “necesitaríamos saber cuál es la unidad mínima de sonido significativo, cómo están organizados y cómo funcionan”, señaló Reiss.

Esta es la clave para abrir el camino hacia la comprensión del lenguaje de los delfines y este es el objetivo de la investigación: aprender a detectar cuáles son las ‘palabras’ o los fonemas de sus silbidos y cómo se estructuran.

«La observación de detalles, como los procesos de segmentación y coarticulación en el lenguaje silbado puede servir para avanzar en el desarrollo de nuevos enfoques para el análisis de los repertorios de silbidos de los delfines y, eventualmente, de otras especies», señalan los autores.

Estudio de referencia: DOI: 10.3389/fpsyg.2021.689501

Web sobre el silbo de El Hierro: https://silbodeelhierro.com/

Web sobre el silbo gomero: http://www.gobiernodecanarias.org/cultura/silbogomero/

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Joan Lluís Ferrer

Joan Lluís Ferrer Colomar (Ibiza, 1967) es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco (UPV-EHU). Desde 1988 ha ejercido el periodismo en prensa, radio y televisión en Bilbao, Catalunya y Baleares. Especializado en información ambiental, desde 2019 coordina la sección Crisis Climática en los periódicos de Prensa Ibérica. Desde 2020 dirige Verde y Azul, el canal de medio ambiente de Prensa Ibérica y Grupo Zeta.

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