Verde y Azul

El impacto ecológico del tráfico digital

EXPERTOS ALERTAN SOBRE EL ELEVADO CONSUMO ENERGÉTICO PARA PRODUCIR MÓVILES Y ORDENADORES Y DE LA HUELLA AMBIENTAL DE LOS DATOS E INFRAESTRUCTURAS DE INTERNET

La cara oculta de las nuevas tecnologías. 

La pandemia redujo el tráfico en las carreteras y la emisión de gases contaminantes a la atmósfera, pero disparó el teletrabajo y las videoconferencias. Son acciones con un importante impacto ambiental si no se apuesta por las energías renovables y por acabar con la obsolescencia programada.

El tráfico digital también hace mella en la salud del planeta. Aunque el confinamiento supuso una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero por la disminución del tráfico rodado, lo cierto es que las nuevas tecnologías no están exentas de un importante impacto ambiental.

Greenpeace ya advertía en 2017 que la huella energética del sector de las tecnologías de la información equivalía a un consumo de aproximadamente el 7% de la electricidad mundial. Es una situación preocupante «teniendo en cuenta que en los tres últimos años la variación sobre este asunto es grande porque estamos en un momento de transición global energética», señalan ahora desde el colectivo ecologista.

Greenpeace alerta por una parte del consumo desenfrenado de todo tipo de productos, incluidos los digitales, tanto el hardware como el software. «Es una de las palancas principales que impulsan la crisis climática y de biodiversidad»,argumentan.

 

Criterios de sostenibilidad social

En segundo lugar, hacen hincapié en la necesidad de prever estrictos criterios de sostenibilidad social y ambiental por el imparable crecimiento de estos productos. Y, por último, ese consumo energético tiene que ser satisfecho por un sistema cien por ciento renovable, eficiente e inteligente.

Uno de los puntos que más preocupan a los colectivos ambientalistas es el de los residuos tecnológicos, cada vez mayores, y claramente ligados al fenómeno de la obsolescencia programada. El ciclo de vida de un móvil es demasiado corto, advierten los expertos, que calculan que cada dos años 2.800 millones de personas cambian de teléfono. Ordenadores portátiles, rúteres, videoconsolas y televisiones son de los productos con la tasa de reposición más frecuente en el mercado.

Fernando Tucho, profesor de Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos, señalaba hace unos meses a la agencia Efe que es «una verdad a gritos» que en general las empresas no reconocen favorecer la «muerte planificada» de los nuevos dispositivos para reducir artificialmente su vida útil y fomentar el consumo de materias primas importadas.

La corta vida de los móviles multiplica los residuos

La Comunitat Valenciana quiso poner el freno a la obsolescencia programada en una Ley de Prevención de Residuos y Economía Circular que recogía varias limitaciones al respecto. Sin embargo, al final decayó con las enmiendas aprobadas por la convocatoria anticipada de elecciones autonómicas en abril de 2019. Una normativa que ahora trata de impulsar de nuevo el gobierno valenciano, que quiere primar la reutilización, así como el dar una segunda vida a los artículos eléctricos y electrónicos.

Al consumo elevado de energía que se necesita para producir estos productos se añade el hecho de que acaban convirtiéndose de forma muy prematura en basura tecnológica. Se transportan en contenedores etiquetados como «mercancia de segunda mano», ya que las leyes de la UE permiten exportar material reutilizable, pero se estima que entre un 25% y un 75% son equipos inservibles. Contienen sustancias químicas muy peligrosas que son una amenaza tanto para las personas como para el medio ambiente. Y con el agravante de que se transportan a países con poca o nula legislación sobre gestión de residuos. En muchos casos acaban al aire libre o manipulados por niños.

 

Los videos contaminan

Según Tucho, creador del blog www.ecologiaymedia.info, el consumo de productos audiovisuales es más contaminante de lo que aparenta. Solo en 2018, la visualización de vídeos en internet generó más de 300 toneladas de dióxido de carbono. Su consejo para el ciudadano de a pie es descargar los archivos en vez de bajarlos continuamente, realizar búsquedas en texto y no en video, o utilizar el buscador de emprendimiento social Ecosia para compensar emisiones.

Enviar una foto por WhatsApp, actualizar el perfil de Facebook o ver videos en You Tube contribuyen al calentamiento global más de  lo que la ciudadanía pueda llegar a pensar. Se estima que cada correo electrónico genera cuatro gramos de CO2 y el envío de 65 emails equivale a un kilómetro recorrido en coche, según datos de la firma de asesoría empresarial con sede en Washington FTI Consulting. De ahí que la Unión Europea insista en que los centros de datos den el salto decidido a las energías limpias y renovables.

Enviar un mail o subir cosas a la nube emite co2

Además, Tucho subraya la «controversia ambiental» de la tecnología 5G, más «eficiente» pero con un consumo eléctrico que en una estación base triplica a la del 4G. Cuestión en la que también incide el Redigit Informática Circular. Según este blog especializado, la quinta generación de tecnologías de telefonía móvil  aumentará el consumo total de energía de las redes donde sea implementada hasta promedios de un 150-170% para el año 2026. Ello demandará más generación de energía de fuentes renovables o no, con su respectivo impacto medioambiental.

 

Baja temperatura

Capítulo aparte merece la supercomputación, es decir, el uso de superordenadores e inmensos centros de datos para ser usados en campos tan importantes como el uso diario de Internet y las comunicaciones, o la ciencia médica, climática, geológica o empresarial. Necesitan de un enorme consumo energético para mantener  una adecuada temperatura de todos sus componentes e infraestructuras que requieren pleno funcionamiento las 24 horas del día toda la semana.

 

 


«Se necesita una cantidad extraordinaria de energía para fabricar y alimentar nuestros dispositivos electrónicos»

Greenpeace invitó a los mayores operadores globales de internet a impulsar su crecimiento con renovables.

El crecimiento «explosivo» de consumo digital de la ciudadanía está impulsando nuevas y cuantiosas inversiones en infraestructuras, en particular en nuevos centros de datos, que consumen mucha energía para servir como fábricas de la economía digital. Éstos albergan miles de servidores que almacenan e intercambian los mensajes, fotos y videos de tablets y teléfonos. Pueden variar mucho en tamaño, pero la tendencia es hacia instalaciones cada vez más grandes.

 

Luz verde

El alojamiento web y de datos en la nube más grandes son capaces de consumir tanta energía como una ciudad de tamaño mediano principalmente para refrigerarse.

La huella energética del sector de las tecnologías de la información aumenta no solo por el crecimiento del consumo individual de datos. También hay que sumar la extensión de la era digital a más población mundial, de los más de tres mil millones de personas hace tres años a más de cuatro mil millones a nivel mundial. «Se necesita una cantidad extraordinaria de energía para fabricar y alimentar nuestros dispositivos, centros de datos e infraestructuras que se necesitan para internet», señalan desde Greenpeace.

El colectivo ecologista comenzó ya en 2009 a evaluar el comportamiento energético del sector de las tecnologías de la información. Greenpeace desafió a los mayores arquitectos y operadores globales de internet a comprometerse a impulsar su rápido crecimiento a través de energías renovables al 100%. «En última instancia, las grandes empresas de este sector decidirán si nuestra huella digital será alimentada totalmente con energías renovables o, de lo contrario, por combustibles fósiles anticuados y contaminantes», señalan.

Greenpeace se muestra relativamente optimista por el aumento significativo en la priorización del uso de energías renovables entre algunas de las mayores empresas de internet. «La carrera por construir una red renovable comenzó con líderes de plataformas digitales como Facebook, Apple y Google que se comprometieron en 2013 al 100% renovables y se les han sumado cerca de otras veinte compañías, entre las cuales figuran también empresas globales que gestionan sistemas de almacenamiento en la nube y de colocación en centros de datos que se habían quedado muy atrás», explican.


Minerva Mínguez

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