Verde y Azul

El hombre ya ha construido el 0,5% del océano

La superficie marina ocupada por obras de todo tipo supera ya a la isla de Sicilia, pero alcanza los dos millones de kilómetros cuadrados si se incluye el entorno afectado indirectamente

Imaginemos una isla más grande que la de Sicilia construida toda de cemento, acero y otros materiales artificiales. Esto es lo que ha hecho la humanidad hasta el momento actual, según un estudio de la Universidad de Sydney y dirigido por la profesora Ana Bugnot, recientemente publicado en Nature Sustainability. Se trata de la primera investigación que determina cuánta superficie marina ha modificado el hombre a través de la construcción, las canalizaciones y todo tipo de actuaciones artificiales que han modificado su hábitat natural.

En concreto, el área modificada por la construcción humana en todos los oceános del planeta es de 30.000 kilómetros cuadrados, una cifra que equivale al 0,008 por ciento del océano. La cifra puede no parecer muy elevada, pero se trata exclusivamente de la extensión que ha sido literalmente ocupada por el cemento, el asfalto o el acero. Si se tienen en cuenta también las áreas circundantes que se han visto afectadas por cambios en las corrientes de agua, la contaminación derivada de esas obras y otros efectos secundarios, la superficie alcanza los dos millones de kilómetros cuadrados. Se trata de una superficie que equivale a cuatro veces España o todo México. Supone, en ese caso, el 0,5% del océano.

(Zonas más afectadas por las construcciones humanas en Europa)

Estas modificaciones, según detalla el informe, se deben a túneles y puentes, infraestructuras para la extracción de energía, como plataformas de petróleo y gas o parques eólicos; transporte marítimo (puertos y marinas); instalaciones de acuicultura y arrecifes artificiales, entre otras actuaciones. La industria y el turismo son, indudablemente, las áreas que más contribuyen a la ocupación del litoral por instalaciones de todo tipo que alteran la dinámina natural de la costa y los mares.

Se da la circunstancia de que el desarrollo de estas construcciones marinas se produce sobre todo en áreas de la costa, que son precisamente los ambientes con mayor biodiversidad y biológicamente más productivos. De ahí que los efectos ecológicos en estas áreas sean especialmente destacados.

La investigadora de la Universidad de Sydney señala que esta expansión de la ocupación marina por obras humanas «no es nada nuevo, pero en los últimos tiempos la situación se ha acelerado rápidamente». Las cifras, afirma Bugnot, «son alarmantes», por lo que recalca la «urgente necesidad» de mejorar la gestión de los entornos marinos a través de actuaciones políticas concretas.

Y, sin embargo, el futuro no parece ir en la buena dirección. El estudio prevé que infraestructuras relacionadas con la energía y la acuicultura, incluyendo cableados y túneles, aumente entre un 50% y un 70% para el año 2028. Los autores explican que gran parte de la expansión prevista se debe, precisamente, a la necesidad de levantar defensas contra la erosión costera y las inundaciones debido al aumento del nivel del mar y al cambio climático.

Hay que tener en cuenta que determinados países en el mundo, como sucede en Dubai, parecen haberse fijado como meta ganar al mar todo el terreno posible, como lo demuestra su obsesión por la creación de grandes islas artificiales frente a sus costas. Es el ejemplo más extremo de este empeño por urbanizar el mar, pero no es el único, puesto que a lo largo y ancho del planeta la costa sufre, cada vez con más intensidad, el acoso del hormigón.

 

Joan Lluis Ferrer

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