Verde y Azul

Confirman que la ‘cinta transportadora’ del Atlántico se está frenando

Hay una cinta transportadora invisible que se mueve desde abajo hacia arriba en el océano Atlántico, llevando aguas cálidas procedentes de los subtrópicos hasta el norte, donde se enfría y se vuelve más densa, para volver a descender luego hacia el sur. Es un ciclo que solo ahora empieza a ser conocido e investigado, pero constituye un mecanismo crucial para el equilibrio del clima mundial. Esta ‘cinta transportadora’ o Circulación Meridiana del Atlántico (en inglés se conoce como AMOC) podría quedar trastocada por el calentamiento global, lo que desencadenaría graves consecuencias para el clima.

Los científicos creen haber descubierto que esta circulación marina se está debilitando, lo que puede traducirse en cambios abruptos en los monzones tropicales, fuertes reducciones de las lluvias en el hemisferio norte o tormentas cada vez más intensas en el Atlántico norte. Las consecuencias de esta desactivación de la Circulación Meridiana del Atlántico pueden ser drásticas sobre la agricultura, la alimentación, la biodiversidad y la economía en gran parte del planeta.

Un estudio realizado por Johannes Lohmann y Peter D. Ditlevsen de la Universidad de Copenhague (Dinamarca) sugiere que estas corrientes y, posiblemente, otros subsistemas climáticos, se están acercando a un punto de inflexión. El motivo es el aumento de los niveles de CO2 durante los últimos años, que afectan tanto al AMOC como a otros subsistemas, como el hielo de la Antártida y Groenlandia, la selva amazónica, el monzón de Asia y Australia o el hielo del Ártico.

La circulación meridiana se activa por una diferencia en la densidad del agua. Cuando las aguas saladas y cálidas de latitudes bajas pierden temperatura, van ganando densidad y cuando llegan al Atlántico Norte descienden al fondo del mar, a una profundidad de entre dos y cuatro kilómetros.

Pero la subida de temperaturas en el hemisferio norte, consecuencia del cambio climático, reducen la densidad del agua en la superficie y, con ello, ralentizan la circulación. Además, la fusión de hielo en Groenlandia y en los glaciares ayuda a disminuir esta densidad.

Y es que, a medida que la atmósfera se calienta debido al aumento de gases de efecto invernadero, la capacidad del océano para perder calor disminuye y, por tanto, se debilita uno de los factores que impulsan estas corrientes.

Debilitamiento de un 15%

Hace ya tres años, una investigación internacional en la participó la Universidad Complutense de Madrid, publicada en Nature, demostró nuevas evidencias de una disminución del 15% de la actividad de la circulación meridiana del Atlántico respecto a los registros del siglo XX.

Es decir, este flujo por el que se redistribuye el calor del mar desde el sur hacia el norte, habría disminuido un 15% desde la última mitad del siglo XX, según dicha investigación. “Analizamos datos y modelos de muy alta resolución que demuestran que hay un patrón de temperaturas en el Atlántico que deja claro que la circulación del océano ha disminuido”, indicó Alexander Robinson, coautor del estudio e investigador de la facultad de Físicas de la UCM.

Fue entonces cuando se obtuvieron las evidencias más sólidas hasta la fecha de lo que hasta entonces eran suposiciones basadas en simulaciones. “Detectamos un patrón específico de enfriamiento oceánico al sur de Groenlandia y un calentamiento inusual frente a las costas de Estados Unidos, lo que es muy característico de la desaceleración” de estas corrientes, también conocidas como Gulf Stream System”, indicó Levke Caesar, otro de los investigadores.

Ahora, el nuevo estudio de la Universidad de Copenhague no hace sino corroborar estas observaciones e, incluso, apunta a que el debilitamiento del sistema podría sobrevenir antes de lo que se estimaba, por lo que sus autores consideran que deberían tomarse medidas urgentes. “Es una noticia preocupante. Porque, si esto cierto, se reduce nuestro margen de maniobra”, ha señalado Johannes Lohmann.

En todo caso, Lhomann destacó la necesidad de seguir realizando estudios al respecto para seguir aumentando los datos disponibles, que todavía impiden saber si el sistema colapsará definitivamente, o bien permanecerá en el estado en que se encuentra ahora.

Artículo de referencia: www.pnas.org/cgi/doi/10.1073/pnas.2017989118

Joan Lluís Ferrer

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