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¿Aves o aviones? Polémica en Barcelona por la ampliación del aeropuerto

¿Hay que ampliar el aeropuerto de Barcelona? ¿Es compatible un proyecto de la envergadura que promueve AENA con la protección de los valores ambientales que rodean a esta instalación? ¿Qué es prioritario en Catalunya: aumentar el número de turistas o preservar el medio ambiente? Estas son algunas de las preguntas que desde hace meses se están escuchando cada vez con más insistencia en debates públicos y privados. La ampliación del aeropuerto de Barcelona ilustra los retos que tiene planteados la humanidad en un escenario de crisis climática.

La controversia surge porque la ampliación (que permitirá pasar de los actuales 53 millones de pasajeros a 70 millones) requerirá ocupar más territorio en el delta del río Llobregat, donde se halla el aeropuerto, y que es una zona de importancia mundial para las aves, además de hábitat de otras muchas especies. Agricultores y residentes de la zona rechazan también el proyecto.

Existen dos posturas enfrentadas. En primer lugar, los que defienden este proyecto, con AENA a la cabeza, señalan que es preciso hacer frente a una reactivación económica después de la pandemia, que ha dejado graves secuelas en los ingresos de muchas familias catalanas. Además, destacan que el actual aeropuerto está cerca ya de su capacidad límite y es preciso ampliarlo para atender a una creciente demanda de pasajeros.

El presidente de AENA, Maurici Lucena, afirma que el tiempo apremia y es necesario adoptar una decisión de forma inmediata, este mismo verano. En una mesa redonda celebrada el mes pasado, Lucena señaló que, si no se aprueba ahora, el inicio de la ampliación se postergará al menos cinco años.

La inversión en juego es de 1.700 millones de euros, pero AENA “no hará nada en contra de la opinión mayoritaria” de los catalanes, señaló. En todo caso, en declaraciones a los medios de comunicación, ha asegurado que Barcelona puede perder competitividad frente a Madrid si deja pasar esta oportunidad.

Lucena ha recordado que este mismo año arrancará la ampliación del aeropuerto de Madrid, que pasará de una capacidad de 70 millones de pasajeros a 80, “y esta nadie la discute”, ha señalado.

Vista aérea del aeropuerto

El problema es fundamentalmente de tipo medioambiental. No solo porque el aeropuerto se halla enclavado en el delta del río Llobregat, una zona húmeda de importancia internacional, sino porque muchos sectores consideran que el volumen de turistas que recibe Catalunya se acerca ya al límite de lo sostenible.

AENA ha afirmado sobre el tema de este espacio natural que están dispuestos a compensar el terreno que vaya a construirse, al ampliar un 25% la superficie protegida actual.

Entidades empresariales como Foment del Treball defiende también la ampliación y presiona a las administraciones para que se apruebe el proyecto. Su presidente, Josep Sánchez Llibre, lo dijo claramente hace pocos días: “Ya basta. Sí a la ampliación del aeropuerto del Prat”. “No se puede perder esta oportunidad”, declaró en alusión a la fuerte inversión prevista.

Además, la ampliación del aeropuerto de Barcelona supondría un incremento de dos puntos de la cuota que aporta el aeropuerto sobre el PIB catalán, pasando del 6,8% actual al 8,9%.

El sector aéreo, a través de la Asociación Española de Usuarios, Empresario y Profesionales del Transporte Aéreo (Asetra) dice que si no se prolonga la tercera pista y se construye la terminal satélite proyectada, habrá una “pérdida de turismo y de inversiones”.

También afirma esta entidad que el espacio protegido de aves de La Ricarda, que  se verá afectado por las obras, puede ser trasladado “a otro entorno alejado de la instalación aeroportuaria”. De lo contrario, “supondrá un peligro para la seguridad de los pasajeros y de las aeronaves”.

Crece el frente contrario a la ampliación

Pero quienes se oponen no son solo los grupos ecologistas. El Ayuntamiento de Barcelona votó este martes en contra de la ampliación del aeropuerto Josep Tarradellas-El Prat.

“Diremos siempre sí a la inversión, pero no a propuestas del siglo XX que no tienen futuro”, afirmó la teniente de alcalde del Ayuntamiento, Janet Sanz. Para ella, elegir entre economía y medio ambiente es un falso dilema: “Es antiguo obligar a escoger entre economía y ecología”.

Sanz recordó el camino emprendido por Francia para la reducción de emisiones contaminantes de la aviación. Allí se ha aprobado prohibir los vuelos que disponen de una alternativa ferroviaria si los tiempos de desplazamiento son inferiores a las dos horas y media. Dicha cuestión es una de las alternativas defendidas por el Ayuntamiento.

La zona es un área importante para las aves. Foto: Agencias

En cambio, los socialistas, socios de gobierno en el Consistorio barcelonés, apoyan el proyecto y en la sesión recordaron que “a América, África o Asia no se llega en tren”. De hecho, el presidente de AENA fue diputado socialista.

Hace pocos días, vecinos, organizaciones ecologistas y agricultores del delta del Llobregat emitieron un comunicado en el que reclaman que se frenen los planes de ampliación tanto del puerto como del aeropuerto.

Estos colectivos recriminan a las administraciones que “eludan su responsabilidad para llevar a cabo actuaciones urgentes de preservación del Delta”, tal y como, además, pidió la Unión Europea al Estado español.

En febrero, la Comisión Europea abrió un procedimiento contra el Estado español por la dejadez ambiental que observa en el delta del Llobregat, y ha pedido explicaciones tanto al Gobierno como a la Generalitat sobre las acciones que están desarrollando para preservar la zona.

Los colectivos vecinales y ecologistas piden que se retire de inmediato y sin condiciones la ampliación prevista y afirman que el lugar elegido por AENA “es completamente inadmisible”.

Las entidades creen que este tipo de actuaciones “responden a los intereses de grandes capitales multinacionales y son contrarios al interés general”, además de dificultar el cumplimiento de los objetivos climáticos, de protección de la salud, los espacios agrícolas y el medio ambiente.

Asimismo acusan a la Generalitat de “inacción y connivencia durante años”, pese a los requerimientos para aprobar un plan de protección para el delta.

Reducir vuelos como solución

Estos colectivos, entre los que están Fridays for Future Barcelona, DEPANA, Ecologistes en Acció, La Barceloneta Diu Prou, Federació d’Associacions de Veins i Veines de Barcelona, Prou Soroll, Plataforma de Qualitat de l’Aire y Moviment per la Justícia Climàtica, entre otras muchos, reclaman también que se vaya prescindiendo de aquellos vuelos que no son necesarios.

En concreto, piden “planes de reducción de líneas de vuelos y rutas de transporte marítimo (para el caso del puerto), prioritariamente en trayectos cortos y cruceros, para disminuir los niveles de contaminación atmosférica y acústica, y así proteger la salud de la población afectada y lograr la reducción anual de emisiones de CO2 para cumplir con los objetivos climáticos de 20302”.

Asimismo, reclaman la ampliación del espacio protegido en la Red Natura 2000 a todo el parque agrario del Llobregat, incluyendo el antiguo cauce del río, y reparar los daños ambientales de la zona.

Pero, al margen de las consideraciones estrictamente ambientales, las organizaciones vecinales alertan sobre la masificación turística que sufre Barcelona (exceptuando el periodo de la pandemia), que ha provocado problemas de vivienda y convivencia.

“Hay argumentos de carácter ambiental para oponernos, pero otros tienen que ver con el modelo de ciudad. La ampliación del aeropuerto conduce a más turismo, y eso comporta subida de alquileres, expulsión de vecinos de la ciudad… hasta tener una ciudad convertida en un parque temático”, señalaba un activista de Rebel·lió o Extinció a la prensa local recientemente.

El debate está servido y promete ser la antesala de otras controversias parecidas. Y es que conjugar la preservación del clima y la biodiversidad y, al mismo tiempo, mantener la actividad económica requerirán esfuerzos nunca vistos en la actuales circunstancias ambientales.

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Joan Lluís Ferrer

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