Verde y Azul

Así cayó este año la polución por el Covid en España

La bajada media en Alicante ha sido del 45%, en Vigo ha llegado al 48%, en Oviedo al 37% y en València al 45%. El NO2 es el contaminante más habitual emitido por el tráfico rodado.

Un informe de Ecologistas en Acción sobre los efectos en el medio ambiente provocados por la crisis del Covid revela, a partir de mediciones oficiales en 26 ciudades, que la reducción drástica del tráfico en todas sus variantes ha provocado una mejora sin precedentes de la calidad del aire en las ciudades españolas, muy por debajo de los límites legales y las recomendaciones de la OMS. Sin embargo, advierte de que estas mejoras pueden revertirse rápidamente con la vuelta a la actividad económica habitual. El estudio íntegro puede descargarse aquí.

El informe elaborado por Ecologistas en Acción analiza los datos oficiales de dióxido de nitrógeno (NO2) recogidos en 129 estaciones de medición, repartidas entre las 26 principales ciudades del España (todas las mayores de 150.000 habitantes con más de una estación), entre marzo y octubre de 2020 y de los diez años anteriores. Muestra, por tanto, el efecto del confinamiento en la calidad del aire urbano, y la evolución de ésta a lo largo de las diferentes fases de la desescalada y la “nueva normalidad”.

Entre sus principales conclusiones destaca que los niveles de contaminación atmosférica por NO2 en el conjunto de las ciudades estudiadas son un 38% inferiores en los ocho meses que van de marzo a octubre de 2020 respecto a la media de los meses equivalentes en la década anterior (2010 a 2019).

La reducción es generalizada para todas las ciudades, aunque oscila entre el 23 % de Cádiz y Málaga y casi el 50% de ciudades como Oviedo, Burgos, València, Castellón, Santander y A Coruña. En Madrid y Barcelona el descenso de las concentraciones de NO2 es del 39% y 37%, respectivamente, mientras que Sevilla muestra una reducción del 31%.

El dióxido de nitrógeno (NO2) es el contaminante típico emitido por los tubos de escape de los automóviles (además de por las calderas industriales y domésticas), por lo que su evolución está directamente ligada a las emisiones del tráfico motorizado. Es esta su principal fuente en las ciudades y el principal factor que influye en la calidad del aire urbano.

Primer estado de alarma: caída en picado

Tras la declaración del primer estado de alarma, el 14 de marzo, se produjo una reducción drástica de los niveles de contaminación atmosférica por NO2 en las principales ciudades españolas. La reducción fue notable en estas fechas (14 de marzo a 20 de junio), cuantificada en hasta un 52% respecto al mismo periodo de la última década.

Los niveles de NO2 registrados durante el primer estado de alarma son los más bajos para los meses de marzo, abril, mayo y junio de la última década en todas las ciudades analizadas. Se mantienen además muy por debajo del valor límite legal, incluso en las estaciones orientadas al tráfico donde se superan estos umbrales con frecuencia.

Con el fin del primer estado de alarma y el inicio del verano, el 21 de junio, empiezan a verse más diferencias entre ciudades, que podrían estar motivadas por los distintos ritmos de vuelta a la actividad habitual según los sectores predominantes. Esta conclusión viene reforzada por la vuelta a niveles parecidos a los habituales (solo un 15 % inferiores a la media) en las ciudades andaluzas y de la Comunidad Valenciana, que tienen un fuerte sector turístico. Para otras ciudades como las gallegas o como Palma de Mallorca (dependiente de un turismo extranjero que apenas ha existido este año), la diferencia con la media de los años anteriores es del 40%. En el conjunto de las ciudades estudiadas, en verano de 2020 los niveles de NO2 fueron un 28% inferiores a los de la década anterior.

La reducción total de la contaminación en septiembre y octubre es del 29 % respecto a la década anterior, pero mientras en ciudades como Málaga la calidad del aire es muy parecida a la habitual (solo un 4 % menos de NO2 en 2020), en Oviedo la diferencia con la década anterior se incrementa del 37 % durante el estado de alarma hasta el 47% en otoño. En particular en el mes de octubre, se han producido más puntas de contaminación por NO2. Aunque las medias mensuales siguen estando por debajo del valor límite anual legal, se observa una clara tendencia al alza en la mayoría de ciudades.

La lección: un tráfico rodado insostenible

La crisis de la Covid-19 demuestra que la reducción estructural del tráfico motorizado y los cambios en las pautas de movilidad son la mejor herramienta para rebajar la contaminación del aire en las ciudades.

En definitiva, esta dramática situación creada por la Covid-19 viene a corroborar algo en lo que viene insistiendo Ecologistas en Acción y toda la comunidad científica: que la reducción del tráfico motorizado en las ciudades tiene claros efectos en la disminución de la contaminación, algo que a su vez supone una importante mejora de la salud pública.

Durante la desescalada que siguió al primer estado de alarma se establecieron algunas medidas beneficiosas para la salud y el bienestar general, como la ejecución de carriles bici y carriles bus en algunas ciudades. Pero esa política no ha sido generalizada e impulsada con decisión por las instituciones. La infundada percepción del transporte público como un lugar no seguro debe contrarrestarse mediante el refuerzo de las líneas de autobús, metro y cercanías ferroviarias, procurando tasas de ocupación razonables. La viabilidad del transporte colectivo debe asegurarse asimismo mediante una ley de financiación.

Para evitar la vuelta a patrones de movilidad insostenibles, Ecologistas en Acción propone que en la nueva normalidad se establezcan y consoliden buenas prácticas como la compra de proximidad, el teletrabajo voluntario, la administración electrónica o el escalonamiento de horarios laborales. Además, debe potenciarse la movilidad activa peatonal y ciclista, cediendo más espacio para estos medios y estableciendo el límite de velocidad urbana en 30 kilómetros por hora, como primer paso hacia la implantación de zonas de bajas emisiones ambiciosas en todas las ciudades mayores de 100.000 habitantes.

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