Verde y Azul

Los árboles crean redes sociales para comunicarse

La investigación de la Doctora Suzanne Simard demostraría cómo los árboles crean redes sociales de cooperación para mejorar sus vidas.

No existen ya en las grandes urbes redes de seguridad como las que creaban antes los vecinos en los pueblos o incluso en los barrios de las ciudades cuando comenzó el éxodo rural.

Los seres humanos nos hemos convertido en una especie individualista incapaz en muchos casos de conocer el nombre de la persona que vive enfrente nuestra.

Siguiendo este razonamiento deberíamos pensar que el resto de especies que nos rodean son tan individualistas como nosotros. Tendría sentido. Del mismo modo que solemos creer que especialmente los animales se comportan en cierta medida como el ser humano.

Pero la naturaleza suele quitarnos la razón a base de observarla.

Y aunque podríamos dudar sobre si animales como gorilas o leones trabajan como colectividad por encima del individuo, pocos pensarían que alguna especie vegetal podría crear comunidad.

Más allá de que puedan conectarse en plena pelea por ganar hueco al sol en las grandes arboledas, no se atreverían muchos a decir que los árboles cooperan.

La naturaleza vuelve a llevarnos la contraria.

Suzanne Simard y cómo aprender a escuchar a los bosques

La Doctora Suzanne Simard es quien ha conseguido hacerle ver a la ciencia cómo cooperan, se escuchan, se ayudan y se entienden los bosques.

Su investigación comenzó hace varios años al ver que las talas selectivas provocaban constantes enfermedades en árboles recién plantados que a priori tenían pocas posibilidades de enfermar.

A pesar de recibir más luz y más agua como consecuencia de estas talas, estos miembros del bosque se convertían en ejemplares realmente frágiles.

¿La respuesta? Estaba bajo tierra, en las asociaciones creadas entre ellos y conocidas como micorrizas –Mycorrhizal network–. Ellas eran las causantes de los cambios.

¿En qué consisten estas redes sociales? Los hongos conocidos como filiformes se fusionan con las raíces de los árboles ayudándoles a obtener agua y nutrientes. Esto ya lo sabía la ciencia.

Pero el descubrimiento de la Doctora Simard fue más allá al explicar cómo estas micorrizas también conectaban las plantas entre sí generando un increíble valor de supervivencia.

Es fácil: si los árboles están conectados entre sí y se ayudan gracias a estos vínculos, en el momento en que uno de ellos desaparece de la ecuación el otro sufre las consecuencias.

Varias décadas después de este descubrimiento, Simard, con Cátedra en la Universidad de Columbia, ha sido capaz de demostrar cómo existen estas conexiones entre árboles y plantas de diferentes especies, conectando bosques enteros alrededor de todo el mundo.

De uno a otro van intercambiando agua, nutrientes, carbono y hasta señales de alarma. Recursos que fluyen desde los árboles más viejos hasta los más jóvenes.

La investigación de la Doctora Simard ha llegado a descubrir incluso cómo, en ocasiones, árboles que están a punto de morir “legan” una parte importante de su carbono al resto de la comunidad.

Las conexiones de los bosques

Superada la visión simplista que nos hacía ver cómo árboles y plantas solo “peleaban” por la supervivencia y los recursos, ahora somos conscientes de que existen conexiones reales entre todos sus miembros.

Conexiones que demuestran que existen conflictos, negociación y hasta desinterés. Se comunican y se entienden. Y lo hacen en cualquier lugar de la Tierra en el que haya vida. En cualquier continente y bajo cualquier clima.

Simard ha llegado a comprobar y publicar cómo existe conexión entre arboledas inmensas de abetos de Douglas en América del Norte. Demostró incluso cómo uno de los árboles más viejos de la extensión de 92 hectáreas estudiada estaba conectado con otros 47 árboles.

Se confirmó también cómo en algún caso, estas conexiones de micorrizas llegaban a suministrar el 40% del nitrógeno y el 50% del agua que necesitaban para sobrevivir. Es más, los cambios experimentados en la zona provocaron que muchos ejemplares de abeto de Douglas mandaran señales de estrés.

Y quedó absolutamente comprobada la existencia de una conexión entre especies que provocaba la mejora de su situación y su dependencia hasta el punto de poner sobre la mesa la pregunta sobre si es más importante para la mejora de las especies la cooperación o la competencia.

Cómo tratamos los bosques

Llegados a este punto se hace necesario preguntarnos si tratamos o no de forma correcta nuestros bosques.

Si como señalábamos al principio el actual modo de ejecutar la tala selectiva tiene efectos negativos sobre la comunidad, ¿deberíamos cambiar la manera en que gestionamos el desarrollo y la expansión de nuestras especies vegetales?

En Estados Unidos, desde hace más de cien años se ha experimentado con diferentes variantes de tala, pero nunca se han tenido en cuenta estas micorrizas.

Quizás sea el momento de dar un giro de timón e ir más allá de lo que vemos a simple vista para mejorar la vida de las especies en nuestros bosques.

Sergio F. Núñez

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