Verde y Azul

¿Es ecológico el urbanismo de rascacielos?

EL MODELO DE BENIDORM CRECE Y SE EXPANDE A OTROS MUNICIPIOS. LOS EXPERTOS VEN PREFERIBLE LA CONSTRUCCIÓN EN ALTURA FRENTE A LA DISPERSA.

El arranque de la desescalada del covid ha devuelto una frenética actividad inmobiliaria a Benidorm, icono del turismo peninsular y desde hace unos años ejemplo de un urbanismo en altura que ahora quieren adoptar otros municipios de la provincia de Alicante, como Torrevieja.

En solo dos años, se han comenzado, terminado o están proyectados en Benidorm hasta ocho edificios de más de 20 alturas con cerca de 1.000 viviendas. La actividad urbanística comenzó a moverse en 2018, pero en los últimos dos años se ha acelerado y algunos inmuebles se han levantado en apenas un año.

Benidorm es una ciudad de rascacielos. Su skyline es conocido mundialmente y a él no paran de sumarse torres altas que completan la trama urbana. De ellas, siete de nueva construcción y una que ya estaba en el horizonte pero que hubo que parar: el ‘Intempo’, que se suma a los rascacielos que se terminarán en los próximos meses.

Esta torre dorada de 192 metros de altura y 45 plantas, contará con 256 viviendas y está actualmente acabando su construcción. Se proyectó en 2006, pero la crisis frustró su sueño. La promotora UNIQ Residential es quien reactivó la construcción que está en marcha desde hace meses.

Modelo de urbanismo disperso, que ocupa una mayor cantidad de territorio.
Modelo de urbanismo disperso, que ocupa una mayor cantidad de territorio. Foto: TONY SEVILLA

A ella, a unos metros, se suma uno de los proyectos de TM, las dos torres de ‘Sunset Waves’ con 29 plantas y 132 viviendas en las que los propietarios ya han comenzado a vivir tras concederse la licencia de ocupación. Su forma de ola y su color azul destacan en medio de los trabajos que se realizan para urbanizar este sector de 131.000 metros cuadrados, en los que están previstas otras tres torres: las dos de ‘Sunset Cliffs’ y la ‘Sakura’.

Las dos primeras tendrán 28 y 30 alturas y 280 viviendas con una inversión de 86 millones de euros; la tercera con nombre japonés, la construye CHM y será de 22 alturas y 76 viviendas. Todas ellas ya tienen la licencia de obras.

La trama urbana de esta parte de Benidorm se complementa con dos torres más a unos metros del sector Poniente 2/1, en La Cala: ‘Delfin Tower’ y ‘Benidorm Beach’. Dos rascacielos de 22 alturas y 44 viviendas, y 36 alturas y 196 viviendas respectivamente cuya estructura ya está alzada y se está acabando su construcción.

Con todo, cabe destacar que todas estas torres sumarán cerca de 1.000 nuevas viviendas de todo tipo, cuyos precios oscilan desde los 180.000 euros a cerca de 2 millones, según la altura o el tamaño.

Torrevieja se sube al carro

Mientras tanto, la fiebre por los rascacielos se está propagando a la vecina Torrevieja, caracterizada por urbanizaciones ‘en horizontal’, que han consumido gran parte de su territorio. Ahora apuestan por los edificios en altura.

El planeamiento municipal de Torrevieja prevé construir 18 rascacielos, algunos de hasta 40 alturas, y de ellos la mitad se destinarán a uso hotelero. El Ayuntamiento ha eliminado límites y topes urbanísticos para que estos inmuebles puedan ser una realidad.

Aún no hay grúas, pero ya hay proyectos en tramitación. En los últimos años se han presentado cuatro proyectos de edificación en altura para acogerse a dos modificaciones puntuales del planeamiento de Torrevieja, que permiten mayor libertad tipológica y uso hotelero en el casco urbano.

Torre en Benidorm.
Torre en Benidorm. Foto: DAVID REVENGA

Estas modificaciones urbanísticas permiten saltarse la limitación general de seis alturas que rige el planeamiento de Torrevieja desde 1986 si parte de la construcción se destina a alojamiento temporal.

Los otros dos proyectos contemplan cuatro torres de mayor envergadura -hasta treinta plantas- y casi cien metros de altura. Dos planeadas por la promotora Baraka y otras tres de Metrovacesa. Todas previstas en la bahía de Torrevieja. Las Torres Baraka se ubicarán entre el parque de Doña Sinforosa y el canal del Acequión.

Metrovacesa no pudo acogerse al procedimiento de evaluación ambiental simplificado, que depende exclusivamente del Ayuntamiento, porque era una fórmula que no estaba en vigor en el momento que comenzó la tramitación en 2015.

Ambos proyectos están a expensas de informes del Ministerio de Transición Ecológica, que ha cuestionado el impacto de las futuras edificaciones en la zona de dominio público y recuerda que en la tramitación administrativa falta el permiso de la dirección general de Costas. Las empresa alega que para tramitar esas modificaciones (aprobadas hace más de diez años) se pidió informe de Costas, pero la administración no contestó en ese momento.

Paula Franco, arquitecta y vocal de Cultura del Colegio de Alicante, subraya que la ciudad de Benidorm «es mediática, diversa, densa… y la libertad de su modelo urbanístico, en contraposición a las grandes extensiones de edificación de baja altura que dibujan el paisaje tradicional de la costa, es capaz de desmontar todos los prejuicios urbanos» en la manera en la que su edificación en altura ocupa el terreno a lo largo de sus pocos kilómetros de costa.

«La densidad urbana, pensada en sentido vertical, reduce el consumo de energía, la longitud de las carreteras y los kilómetros que deben recorrer los medios de transporte, a la vez que facilita la reducción de CO2, uno de los indicadores más significativos a la hora de valorar el compromiso medioambiental de una ciudad», señala.

Para Miguel Martínez, arquitecto y vocal del Colegio Oficial de la Comunidad Valenciana, la controversia pone de manifiesto «la contradicción existente entre el impacto visual que produce una ciudad sobre el paisaje y la huella ecológica que genera en el territorio».

Foto David Revenga
Foto: DAVID REVENGA

«Aunque a muchas personas les pueda parecer lo contrario, Benidorm y su alta densidad en altura propicia un modelo de ciudad compacta, mucho más sostenible que otros desarrollos urbanos difusos. Por un lado, consume muchísimo menos territorio, permitiendo que no se urbanice un mayor porcentaje del literal. Por otra parte, propicia la eficiencia en el uso de recursos y la gestión de residuos».

Además, según Martínez, «concentrar los rascacielos a poca distancia del mar facilita los desplazamientos peatonales o en bicicleta, reduciendo así el uso del automóvil».

Por último, el abaratamiento de recursos posibilita una oferta de alojamientos competitiva, lo que contribuye a desestacionalizar el turismo, facilitando altas tasas de ocupación todos los meses del año.

Sin embargo, Benidorm es único y así debe seguir siendo: «El contexto histórico que propició su eclosión es muy diferente del actual. La fragilidad del litoral, su alto valor medioambiental y la necesidad de desarrollar políticas en sintonía con los objetivos de desarrollo sostenible deben abocar a la preservación de los últimos suelos de valor existentes en el espacio litoral de la Comunidad Valenciana. La actual situación de pandemia  ha puesto de manifiesto las tremendas debilidades de un modelo económico totalmente dependiente del turismo. Resulta, por tanto, necesario propiciar políticas urbanas que diversifiquen el tejido productivo».

Modelo compacto ‘versus’ disperso

Jorge Olcina, presidente de la Asociación Española de Geógrafos sostiene, por su parte, que el modelo de ciudad compacta es más eficiente ambientalmente que el modelo de ciudad dispersa. En el modelo compacto se emplea menos suelo y el mayor la eficiencia en la gestión del agua y de la energía, «puesto que se producen menos pérdidas en la red. Además los desplazamientos de los servicios básicos (recogida de basuras) son menores, así como de la movilidad urbana en general (vehículos, autobuses), con  lo cual las emisiones de CO2 son menores».

Por contra, Olcina subraya que el modelo de ciudad dispersa (Torrevieja y muchas de las ciudades del Mediterráno entre Barcelona y Málaga) es más derrochador de suelo, agua y energía. Y supone la  realización de mayor número de desplazamientos por parte de la población, por tanto, mayores emisiones. «Además, el modelo compacto es el que crea ciudad, frente al modelo disperso que genera células urbanas desconectadas entre sí. En el mundo mediterráneo, la cultura de ciudad siempre ha estado basada en el modelo compacto, frente al  modelo disperso propio del mundo anglosajón», dice Olcina.

Eso sí, el modelo disperso genera mayores beneficios a corto plazo a los ayuntamientos (licencias de obra) y por eso se desarrolló tanto en España en los años noventa y en el comienzo del siglo XXI, en la etapa de  boom inmobiliario, pero a largo plazo genera «más gastos que la ciudad compacta, porque a esas células urbanas residenciales hay que dotarlas de equipamientos y servicios básicos, con el gasto económico que ello supone para los ayuntamientos, especialmente en poblaciones pequeñas», asevera el catedrático de Análisis Geográfico Regional de la Universidad de Alicante.

 


Los ecologistas recelan de las ‘pantallas’ de hormigón

La opinión de los ecologistas es diferente. Por ejemplo, Amigos de los Humedales del Sur de Alicante (AHSA) ha presentado alegaciones al estudio de detalle y anteproyecto de urbanización de las Torres Baraka en el Acequión de Torrevieja. Los ecologistas solicitan la exclusión del ámbito del proyecto del parque de Doña Sinforosa, una zona verde pública «de gran arraigo popular que se pretende transformar de forma traumática» y donde queda amenazado el arbolado de la zona.

Además, aseguran que gran parte de la parcela formaba parte de la vía pecuaria de la Cañada Real de la Costa, que hasta agosto de 2019 contaba con un ancho legal de 75,22 metros.

Los ecologistas señalan que el impacto paisajístico de la construcción de las dos torres «va a ser brutal por su elevada altura, más de 80 metros, en un entorno edificado de baja altura y en el paisaje marcadamente horizontal» de uno de los espacios naturales protegidos de mayor interés de la Comunidad Valenciana, el Parque Natural de las Lagunas de La Mata y Torrevieja.

Ahora bien, en general, Ecologistas en Acción de Alicante también ve alguna ventaja al urbanismo en altura como concepto urbanístico, porque «ocupa menos suelo». «Lo que sucede es que cuando se construye de este modo en la ribera del mar se está creando una pantalla de hormigón», señala Carlos Arribas, portavoz de esta entidad, quien recuerda que la Ley de Costas lo prohíbe.

Arribas señala que en Benidorm este tipo de rascacielos «puede tener algún sentido, pero no en Torrevieja, porque allí en realidad ya predominan las urbanizaciones y han agotado el suelo; la única salida que les queda es construir en vertical», por lo que en este caso no se está ahorrando suelo.

Al final, temen los ecologistas, es que se acabe construyendo tanto en horizontal como en vertical.


Francisco José Benito