Verde y Azul

¿Qué pueden hacer las ciudades para luchar contra el cambio climático?

Plantación de árboles para combatir las olas de calor, pintar las casas de blanco para absorber menos radiación, gestionar bien las redes de drenaje y los ríos urbanos… Las ciudades pueden acometer muchas acciones para reducir los efectos del cambio climático. Un informe de C40 Cities Climate Leadership (una red de grandes ciudades comprometidas con el clima, entre ellas varias españolas) y la asesoría McKinsey España han elaborado un informe en el que analizan algunas prácticas para atenuar el impacto de calentamiento en los núcleos urbanos.

El cambio climático aumentará la gravedad y la frecuencia del calor extremo, las inundaciones, sequías e incendios forestales; los peligros específicos que se abordan en el informe, ya que suponen un riego inminente para las ciudades. Más del 90% de todas las zonas urbanas son costeras por lo que para el 2050, más de 800 millones de residentes urbanos podrían verse afectados por la subida del nivel del mar y las inundaciones costeras. Además, 1.600 millones de personas podrían ser vulnerables al calor extremo crónico (frente a los 200 millones actuales), y 650 millones podrían sufrir escasez de agua.

“Dadas las actuales emisiones de gases de efecto invernadero, una parte del cambio climático ya está fijada, lo que hace que estos riesgos sean inevitables. Para proteger las vidas y los medios de subsistencia de los residentes urbanos, es imperativo adaptarse, y comenzar ahora”, señala Joseba Eceiza, socio de McKinsey en España que lidera la práctica de la sostenibilidad en nuestro país.

Las ciudades se encuentran en primera línea de los crecientes riesgos físicos asociados al cambio climático ya que albergan a más de la mitad de los habitantes del mundo, y se prevé que en 2050 esa cifra aumente hasta el 68%. Asimismo, las zonas urbanas suelen estar situadas en lugares de especial riesgo climático, como son las costas, las llanuras de inundación y las islas. Además, las infraestructuras urbanas modernas y sus sistemas de funcionamiento están estrechamente conectados.

Edificios de madera, más sostenibles. Foto: Agencias

“Un fallo en una parte de la red puede afectar a otra, multiplicando los daños. Las carreteras inundadas, por ejemplo, pueden dañar los enlaces con el transporte público. Las tormentas y el calor extremo pueden provocar cortes de energía que dejen fuera de juego a los sistemas tecnológicos fundamentales para los hogares, los hospitales y las industrias”, añadeEceiza.

De las 15 acciones expuestas por el informe, cuatro fomentan la resiliencia sistémica, lo que significa que fortalecen ciudades de todos los perfiles; y las otras 11 son específicas, es decir, se dirigen a riesgos climáticos físicos concretos.

“Algunas de las acciones, como la construcción de barreras para proteger las zonas costeras y la adaptación de las infraestructuras, son complejas y costosas, pero otras, como la plantación de árboles junto a las calles y la puesta en marcha de programas de cambio de comportamiento para conservar el agua, no lo son. Ejemplos de todo el mundo, tanto en economías avanzadas como en desarrollo, demuestran lo que es posible”, indica Eceiza.

Pintar los edificios de blanco para evitar las ‘islas de calor’

Un ejemplo poco costoso para combatir el calor es el tratamiento de superficies frías, como la aplicación de pintura blanca en tejados, paredes y pavimentos, para ayudar a reducir las islas de calor urbanas, al adaptar las superficies para que reflejen la luz solar y absorban menos calor.

Estos tratamientos no tienen los mismos efectos en todas partes, y los responsables deben tener en cuenta la forma y la estructura de los techos y pavimentos de sus ciudades para evaluar su viabilidad. Pero, cuando la pescadería de Mercamadrid instaló un techo impermeable y reflectante con una capa de pintura blanca, la temperatura en el interior del edificio bajó 7 grados Celsius.

El informe describe, a grandes rasgos, cómo las ciudades pueden poner en prácticalas accionesde adaptación y, para ello, sugiere empezar por definir los peligros más relevantes y por entender los riesgos que esos peligros suponen para sus comunidades. A partir de ahí, las ciudades pueden llevar a cabo un análisis detallado del impacto de la reducción del riesgo, los costes y la viabilidad de las diferentes acciones.

Jardines en vertical, tendencia urbana. Foto: Agencias

Dado que las distintas ciudades se enfrentan a diferentes riesgos climáticos y tienen distintos niveles de vulnerabilidad, las urbes pueden concentrarse en acciones que aprovechen sus puntos fuertes (en recursos, características físicas y activos, y control jurisdiccional) y ofrezcan un alto rendimiento en la reducción de riesgos. Sin embargo, identificar esas adaptaciones de alto impacto puede ser una tarea abrumadora, dada la naturaleza en constante evolución de la amenaza climática y la vertiginosa gama de opciones de adaptación disponibles.

Asimismo, el informe sugiere que las ciudades tendrán que ser innovadoras a la hora de aprovechar sus propios recursos y experiencias, por ejemplo, mediante asociaciones público-privadas, bonos verdes, seguros y otras estrategias. Vale la pena destacar el caso del distrito de Zorrotzaurre en Bilbao, donde se ha establecido una asociación público-privada, basada en la participación en la propiedad del suelo, para financiar medidas de resiliencia en la zona. Las mejoras han incluido la ampliación del canal, la elevación del terreno y la construcción de espacios verdes abiertos.

La investigación también revela que las soluciones basadas en la naturaleza, como la plantación de árboles, la gestión de las cuencas fluviales, y las soluciones de drenaje urbano sostenibles, se encuentran entre las acciones más atractivas por su impacto en la reducción de riesgos y su viabilidad.

Estas soluciones suelen aportar beneficios más allá de la adaptación en ámbitos como la descarbonización, el crecimiento económico y la salud. Por ejemplo, en España, el Ayuntamiento de Barcelona ha puesto en marcha el Plan Director de Árboles desde el 2017 para minimizar el efecto de la isla de calor urbana mediante el aumento de cobertura de árboles del 5% al 30% para 2037.

Foto: Agencias

Por otro lado, se destaca la importancia de que las ciudades pueden invertir en acciones que aumenten la resiliencia de forma sistémica, además de adaptarse a peligros específicos e inmediatos. La resiliencia sistémica incluye el aumento de la concienciación sobre los riesgos climáticos físicos, la incorporación de la concienciación sobre los riesgos y la preparación en los procesos de la ciudad, la optimización de las respuestas de emergencia y la mejora de los programas financieros y de seguros.

El impacto del riesgo climático sobre la salud

Finalmente, el estudio sobre ciudades y cambio climático concluye que la adaptación al riesgo climático tiene un importante elemento de equidad. Las poblaciones vulnerables, como los niños, los ancianos, las comunidades de bajos ingresos, algunos grupos minoritarios, las personas con discapacidades y las mujeres, pueden correr un mayor riesgo de sufrir daños relacionados con el clima.

Por ejemplo, la rápida y continua urbanización está provocando un aumento de la población en asentamientos informales, que a menudo carecen de los recursos y de la capacidad de adaptación para resistir eventos climáticos importantes, como las inundaciones y el calor extremo.

El riesgo climático afecta directamente a la salud, habitabilidad y capacidad de trabajo de las personas; a los bienes, como las empresas, viviendas y hospitales; y a los servicios, como el suministro de energía y alimentos. La red C40 y McKinsey pretenden, mediante este informe, establecer un punto de partida para ayudar a las ciudades a desarrollar sus programas de adaptación. Los dirigentes tendrán que profundizar en la elaboración de sus estrategias, ya que el conocimiento y experiencia local resulta esencial.

Al mismo tiempo, la adaptación de las ciudades al cambio climático es una de las muchas prioridades que compiten entre sí en las urbes, y los recursos son limitados. Al identificar las acciones más efectivas y factibles, las ciudades pueden centrarse en ejecutarlas bien y tomar impulso para hacer más; este informe es una llamada a la acción focalizada.

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1 comentario

  • Lo que pueden hacer las ciudades a favor del cambio climático es calentarse menos en invierno (lo vemos hasta en televisión cómo salen de manga corta), menos aire acondicionado en verano, usar más el transporte público, hacer menos edificios tan acristalados que son unos verdaderos hornos en verano y un congelador en invierno, quedarse más en casita los fines de semana, en lugar de salir cómo desesperados a contaminar el mundo, etc, etc.etc.