Verde y Azul

Las aves regresan a Agua Amarga (Alicante), humedal amenazado

Las últimas lluvias de la primavera tuvieron un efecto positivo para la recuperación del Saladar de Agua Amarga en Alicante, humedal cuyas charcas han llegado a tener un metro de profundidad. En los últimos días, la Asociación de Amigos de los Humedales del Sur de Alicante ha vuelto a observar ejemplares de cerceta pardilla, un pato amenazado de extinción en toda Europa.

La cerceta pardilla comparte saladar con flamencos -hasta 47 ejemplares- zampullines cuellinegros, aguiluchos laguneros, tarros blancos, agachadizas y moritos, según detalla Miguel Ángel Pavón, portavoz de Amigos de los Humedales del Sur de Alicante, organización que  reclama que el saladar sea incluido como Zona de Especial Protección de Aves (Zepa).

El aumento de las poblaciones de estas aves protegidas hace concebir esperanzas sobre el futuro de este espacio, que a pesar de su entorno fuertemente antropizado (rodeado de urbanizaciones y con el aeropuerto a escasa distancia), consigue mantener en buen estado el humedal, aunque bajo la constante amenaza de la degradación.

En 2015, los ecologistas reclamaron al Ayuntamiento de Alicante la declaración del saladar de Agua Amarga como Paraje Natural Municipal y que, además, se consensuara la gestión ambiental con la dirección general de Costas (30 hectáreas del saladar pertenecen al dominio público Marítimo Terrestre), la Conselleria de Medio Ambiente y la Mancomunidad de los Canales del Taibilla, entidad gestora de las desaladoras y responsable de la inundación periódica del saladar.

Sin embargo, pasados cuatro años desde la presentación del escrito, el Ayuntamiento no ha llevado al pleno esa solicitud.

Panorámica del humedal. Foto: Agencias

En la actualidad, este enclave figura en el Catálogo de Zonas Húmedas de la Generalitat Valenciana, pero carece de alguna de las figuras de protección más habituales que garantice su efectiva conservación y gestión.

La historia de este humedal es la típica de otros muchos espacios similares en España, usados tradicionalmente con finalidades agrícolas o salineras, y que tras ser abandonados lograron escapar in extremis a la primera fiebre urbanística de los años 60 y 70, cuando grandes macroproyectos se cebaron en el litoral levantino.

El Saladar de Agua Amarga se ubica en el sector más oriental de lo que se conoce como Fosa de Elche. Es una zona que, a escala de tiempo geológico, se va hundiendo y rellenando desde el Mioceno. La cuenca se extiende desde Elche y Alicante hasta el mar, a lo largo de una franja de terreno cuyo límite norte es la Sierra de Colmenares y el sur la Sierra de Santa Pola.

Del saladar se tienen referencias desde el Cuaternario -diez mil años antes de Cristo-, cuando comenzó a formarse un largo cordón litoral paralelo a la costa, debido a la acción del oleaje. El mar actuó alineando los materiales en sentido norte-sur por el Barranco de las Ovejas y el Barranco de Agua Amarga, ambos cauces situados entre Alicante y el saladar.

El resultado de este proceso dio una laguna de poca profundidad que mantiene cierta comunicación con el mar, es decir, una albufera. Dicha comunicación se establece a través de una gola que hasta finales de los años 60 estuvo explotada como explotación salinera.

Las ramblas y torrentes, fundamentalmente de la Sierra Colmenares, aportan agua hacia la zona marismeña los materiales que fueron colmatándola, según se recoge en la publicación Senderos de la Sal, editada por la Diputación Provincial.

El humedal se ha visto favorecido por las últimas lluvias. Foto: Álex Domínguez

La utilización del Saladar de Agua Amarga como salinas de forma sistemática y organizada comenzó a principios del siglo XX. La actividad arrancó en 1925 como Salinas Marítimas de Alicante, que terminaría vendiendo la empresa a una empresa catalana. En 1969 la compañía Salinera Catalana atravesó dificultades económicas y en agosto de ese año la propiedad pasó a manos del Banco de Bilbao.

El abandono de las instalaciones propició el estancamiento de las aguas de lluvia en el recinto, convirtiendo el lugar en un foco de mosquitos. A pesar de esto, su ubicación en primera línea de playa despertó el interés de promotores inmobiliarios, que siempre lo han contemplado como una posible zona de expansión turística.

Así, el Banco de Bilbao encargó la elaboración de un proyecto urbanístico para la zona, que se denominó Plan Parcial Lucentia. El proyecto contemplaba la construcción de viviendas para más de 20.000 personas e incluía canales navegables.

La lucha de los ecologistas y la llegada de la democracia terminaría tumbando el proyecto y desde los años 90 el saladar es un espacio protegido por la Generalitat.

Amigos de los Humedales del Sur de Alicante han reclamado su restauración, tanto al Gobierno (Costas) como a la Generalitat, con competencias sobre estas antiguas salinas, abandonadas desde los años 70.

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