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Fundir nieve con sal

Alertan de los riesgos ecológicos de fundir la nieve con sal

Cada vez que nieva, el hielo forma placas en las calles que, debido a su peligrosidad, se deben eliminar lo antes posible. Es entonces cuando grandes camiones quitanieves aparecen en escena arrojando sal a la carretera que, por una sencilla reacción química, lleva al hielo a derretirse rápidamente. Pero, ¿y si lo que llevamos décadas haciendo sin pensar estuviera teniendo un brutal efecto secundario? Un reciente estudio asegura que fundir la nieve con sal libera cócteles químicos tóxicos que a largo plazo pueden convertirse en una verdadera amenaza para el agua potable y la salud de la población. 

Los suministros de agua potable del mundo, amenazados ya de por sí por el calentamiento global, podrían haber encontrado un nuevo enemigo. Un grupo de investigadores de la Universidad de Maryland EEUU) ha llamado la atención sobre otro potencial riesgo para el agua potable: la sal.

Los investigadores advierten que la sal introducida en el medioambiente está causando un daño muy considerable. Y es que esta sustancia interactúa con el suelo y las carreteras liberando un cóctel de metales, sólidos disueltos y partículas radiactivas que, a largo plazo, acaba envenenando el agua potable, lo que podrá causar graves perjuicios a la salud humana, la agricultura, la vida silvestre y la estabilidad de los ecosistemas.

No es la primera vez que este grupo de investigación, liderado por el geólogo Sujay Kaushal, alerta sobre las poco conocidas consecuencias de la sal. En estudios previos, Kaushal ya estudió cómo el cloruro de sodio utilizado para fertilizar los cultivos producía ese efecto cascada que denominó ‘Síndrome de salinización’.

«Solíamos pensar que agregar sales no era un gran problema, que lo echábamos en las carreteras en invierno e iba desapareciendo progresivamente”, señala el investigador.

Sin embargo, lo que ocurría era todo lo contrario: “la sal se queda y se acumula”. Tras estudiar los riesgos para la salud, el medio ambiente y las infraestructuras, los investigadores han constatado la cruda realidad: “La sal, y concretamente el cloruro, se está convirtiendo en una de las amenazas más graves para nuestro suministro de agua dulce”.

Foto: Agencias

Es por eso que los firmantes del estudio consideran que este fenómeno debería tratarse por los gobiernos con la misma preocupación que la lluvia ácida o la pérdida de biodiversidad.

La principal fuente de cloruro relacionada con la actividad humana son las sales que se lanzan a las carreteras durante el invierno. Pero no son las únicas. Las fugas, las aguas residuales, los fertilizantes agrícolas y las salmueras también pueden contribuir a salinizar el medio ambiente.

A esto se añaden las fuentes indirectas, como las carreteras, puentes y edificios erosionados, que al descomponerse liberan sal; o naturales, como el propio mar, que al incrementarse puede ser otra fuente de intrusión de agua salada.

Los daños de la intrusión de sal en el suelo no son baladí. Los ecosistemas corren un grave peligro, ya sea por la entrada de especies exóticas más proclives a sobrevivir en entornos salinos o por la potencial modificación que pueden sufrir los microbios en el suelo y en el agua. Y es que un cambio en estos últimos, al ser responsables de los ciclos de nutrientes del ecosistema, podría llegar crear un efecto rebote, depositando aún más sales y metales pesados en el ecosistema.

Los daños son extensibles a las áreas urbanas, pues la sal tiene la capacidad de degradar carreteras e infraestructuras, así como corroer tuberías y, consecuentemente, liberar estas sustancias en los suministros de agua potable.

Foto: Europa Press

«Hemos realizado importantes mejoras en la gestión de la lluvia ácida y la calidad del aire”, señala Kaushal, que insiste que el de la sal debe ser otro punto en el que fijarse.

“Lo que necesitamos es una mejor comprensión de los complicados efectos de las sales agregadas y regular en consecuencia”, insiste el autor principal del estudio, que advierte que se trata de una necesidad “para evitar un futuro realmente difícil para los suministros de agua dulce».

Estudio de referencia: DOI: 10.1007/s10533-021-00784-w

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Verónica Pavés

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